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] son energías ciertamente hercúleas las desplegadas entonces por una nueva generación de empresarios, fieles a una épica de frontera y descubrimiento, donde amasar dinero es solo la confirmación externa de haber triunfado en un empeño vocacional, indiscernible del que anima al artista y el científico. En comparación con esos entrepreneurs, tanto el gremialista tendero como el menos gregario importador - exportador son mercaderes timoratos y miopes, ajenos a la posibilidad de endeudarse a fondo, y a la de traficar con cosas intangibles. Sin un perfil sociológico que lo condicione, como comprobaremos, este tipo de individuo introduce el desarrollo económico propiamente dicho, transformando el flujo circular de producción-consumo «en un dramático movimiento ascendente del poder adquisitivo, marcado por ciclos comerciales»."
Capítulo 3, págs. 67-68
"El espíritu profesional es un fenómeno lo bastante denso y difuso a la vez como para que a lo largo del siglo XVIII solo tres o cuatro sabios lo tengan presente, y en todo caso de modo tangencial. Lo mismo ocurre a lo largo del siglo siguiente, cuando de grado o por fuerza lo antes raro se torna tan habitual como vivir de un sueldo, pues la figura sobre la cual gira el progreso del profesionalismo el fabricante/inventor sigue siendo invisible para el público general, e incluso para Ricardo y Marx, que lo confunden con el capitalista y el rentista. Ni la sociología del trabajo concreto ni pesquisas sobre el impacto del empresario creativo llegan antes de acercarse el siglo XX, y en el ínterin el tema sigue dominado por una rentable avalancha de versiones melodramáticas, cuyo denominador común es ignorar la variable de trabajar por vocación o contra ella."
Capítulo 23, pág. 444
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