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"Durante la década siguiente se convierte en un economista erudito, coincidiendo con el dramático empeoramiento en sus condiciones de vida, y abandona prácticamente el trabajo de investigación aparejado a confirmar que la pauta del progreso histórico gira sobre la lucha de clases. Seguirá postulando esa «ley», desde luego, pero a la objeción fundamental el nexo de dicho principio con el los últimos serán los primeros de la promesa mesiánica iba a añadirse «la ironía de que muriese cuando iba a hacer un análisis sistemático del concepto de clase» o en palabras de otro historiador «que fuera postergando la tarea hasta cuando resultó demasiado tarde» [
].
Aunque el futuro atribuiría a Marx la idea de sincronizar el cambio económico con el cambio social, e ilustrarlo a través de las clases, dicho logro corresponde a la generación inmediatamente anterior [
].
Vimos ya que la sociología del intelectual tampoco mereció la atención de Marx, y el malentendido de considerarle sociólogo cuando la diferencia entre simple y complejo fue lo menos desarrollado de su pensamiento culmina en el carácter puramente ideal de su clase obrera, a la que no corresponde el deseo de abolir la propiedad y el comercio."
Capítulo 20, págs. 387-388
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