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LOS ENEMIGOS DEL COMERCIO
XIX. UNA ILUSTRACIÓN AMBIGUA
El cristianismo sólo predica servidumbre y dependencia.
Su espíritu es demasiado favorable a la tiranía para que
no sea siempre aprovechado por ella. Los verdaderos cristianos fueron
hechos para ser esclavos, lo saben y no se conmueven por ello; esta
corta vida tiene demasiado poco valor a sus ojos119.
Benjamin Franklin (1706-1790), un genio polifacético120,
dejó la escuela a los diez años movido por la pobreza y
a los quince escribía bajo seudónimo sus primeros artículos.
Tuvo tratos amistosos con Hume, y en el mismo año -1748- aparecen
los Discourses de éste y sus Consejos para un joven comerciante,
donde leemos:
Piensa que el tiempo es dinero [...] Piensa que el crédito
es dinero [...] Piensa que el dinero es fértil y reproductivo
[...] Piensa que, como dice el refrán, un buen pagador es dueño
de la bolsa de cualquiera [...] Guárdate de considerar como tuyo
todo cuanto posees y de vivir según esa idea. [...] y verás
lo que hubieras podido ahorrar y lo que aún puedes ahorrar en
el futuro. Por seis libras puedes tener el uso de cien, supuesto que
seas un hombre de reconocida prudencia y honradez. Quien malgasta inútilmente
a diario un solo céntimo derrocha seis libras al cabo del año,
que constituyen el precio del uso de cien121.
Weber recuerda que semejante actitud habría pasado por sucia
avaricia en épocas previas, y aprovecha para observar que
el espíritu comercial y el precomercial no se distinguen por la
avidez de oro122.
La frontera está en sentarse sobre las propias monedas o regalarlas
a la Iglesia -como hacían tradicionalmente los señores y
los siervos- o desarrollar una mentalidad inversora. El consejo primario
para el aprendiz de businessman es un guárdate de
considerar tuyo todo cuanto posees, que le impide tanto atesorar
como derrochar y le instala en un hábito aplicable a la industria.
No debe considerar suyo lo que tiene porque lo tiene en función
de otros individuos previsores y frugales, cuyo testigo asume mirando
el céntimo precisamente para multiplicarlo. El deber de solidaridad
social ha encontrado este insólito fundamento, que está
en las antípodas del no os inquietéis por el mañana123.
1. Máquinas y poblaciones
Antes de que esta actitud se generalice la inercia del trabajo servil
impone al patrono un círculo vicioso. Estimular la laboriosidad
pagando por resultados funciona a veces, aunque otras topa con jornaleros
que aprovechan para trabajar menos, aunque sea ganando menos, y durante
siglos se pensó que los salarios bajos son productivos
porque impiden sobrevivir sin una dedicación regular. Pero un salario
insuficiente sólo puede estimular incompetencia, cosa sabida también
desde siglos atrás; con tierras muy similares, por ejemplo, el
campesino polaco medio segaba por término medio un tercio menos
que el prusiano, mejor pagado y alimentado. En realidad, el único
modo de mejorar los rendimientos es algo que no puede ser producido
por salarios altos ni bajos, sino por un largo y continuado proceso de
educación124.
Dicho proceso equivale a clase media, un sector social cuya capacidad
adquisitiva se adapta a fluctuar en función de azares y capacidades
personales. Por otra parte, la industrialización implica que un
número creciente de campesinos se transforme en operario urbano,
creando masas finalmente gigantescas de desarraigados. Todo cuanto no
sea convertirlos en nueva clase media promete agravar la discordia hasta
extremos jamás vistos, pero un aburguesamiento del proletariado
resulta impensable a corto plazo. El trasvase de población se apoya
materialmente sobre el motor térmico125,
centro de las nuevas instalaciones fabriles, y en Inglaterra el
país entonces más avanzado- la reacción inmediata
ante la multiplicación del obrero es un movimiento de sabotaje
industrial de signo gremialista, que percibe en su engranaje de bielas
y pistones un invento del Maligno.
Una proletarización a gran escala ocurrió en el Bajo Imperio
romano, que estaba lleno de ex-propietarios y descendientes suyos. Sin
embargo, Roma era un gigante político montado sobre un pigmeo industrial,
y Europa representa lo inverso. En el Bajo Imperio las urbes se iban despoblando
-aunque las leyes castigasen con pena de muerte el cambio de residencia
y oficio-, mientras ahora la creación acelerada de empleo hace
que el campesinado afluya de modo tan espontáneo como ingente a
ciudades-fábrica. En Roma el proletariado se sostenía con
cartillas de racionamiento, y ahora debe ser rentable para su empleador.
En un caso la curva demográfica declinaba y en el otro tiende a
hacerse vertical. Todo es diametralmente distinto salvo el fenómeno
de grandes masas desposeídas, entonces fruto de un aparato productivo
insuficiente y ahora mano de obra para la titánica transformación
fabril.
El tránsito de la sociedad comercial a la industrial ha abierto
a la vez el arca de la abundancia y el cofre que guardaba los vientos,
aunque a finales del XVIII lo amenazador queda en segundo plano y la confianza
predomina ampliamente sobre su opuesto, alimentando un sentimiento de
irresistible e inminente mejora que es el Progreso. Comprenderlo y justificarlo
ha creado un gusto por la lectura reflexiva, que se convierte en signo
de distinción y sentido de la responsabilidad para todas las clases
sociales, creando un mercado boyante para libros de pensamiento. El proyecto
genérico de las Luces debe concretar sus propuestas, que ya no
se concretan en un combate del contra el mal sino en una victoria de la
utilidad actual sobre el anacronismo.
Perspectivas sobre el Progreso
Social y políticamente, lo primario es consolidar las libertades
mediante regímenes democráticos, una meta común que
suscita proyectos y realizaciones en buena medida divergentes. La democracia
llega a Norteamérica sin guerra civil, y en Inglaterra el sufragio
universal acaba instaurándose mucho después, desde
luego- de modo pacífico126.
En Francia y en el resto del Continente la inmadurez abona derramamientos
de sangre más o menos ingentes, y una causa cada vez más
abrumadora de conflicto civil. De alguna infalible manera, cuanto más
reine un absolutismo centralista más libertaria será la
opinión pública, y esto explica que al comparar la Ilustración
anglosajona y la francesa lo distinto se sobreponga a lo afín.
Al interés que Hume y su círculo de amigos escoceses127
exhiben por el análisis de corte científico corresponde
en el otro lado del Canal de la Mancha una pasión por la brillantez,
ya que la filosofía francesa es lo ingenioso mismo128.
Ambos grupos hacen gala de talante anticlerical129,
y en ambos reina como divisa el atrévete a saber; pero
el grupo inglés y norteamericano no comulga con el despotismo ilustrado
de los philosophes y su propuesta de todo para el pueblo
pero sin el pueblo. Le produce especial estupor una doctrina como
la idéologie, que anticipa técnicas de reflejo condicionado
e ingeniería social para un Estado omnipotente [
] capaz
de conseguir de los hombres todo lo que desea130.
Por lo demás, esa línea de despotismo benévolo puede
prender también al otro lado del Atlántico, e incluso en
alguno de los Padres Fundadores como el médico Benjamin Rush, cuyas
terapias origen del Prohibition Party- proponen que en lo
sucesivo será asunto del médico salvar a la humanidad del
vicio tanto como hasta ahora lo fue del sacerdote. Concibamos a los seres
humanos como pacientes un hospital; cuanto más se resistan a nuestros
esfuerzos por servirlos más necesitarán nuestros servicios131.
A Francia le hacen falta décadas para asimilar la sociedad industrial,
algo pendiente hasta el tratado de economía política de
Say (1803), mientras en Inglaterra y Norteamérica ese marco es
la vida cotidiana y ha sido plasmado ya en 1776 por Smith. El progreso,
que en un caso se encomienda a la evolución de factores impersonales,
en el otro pasa por disciplinar el cuerpo social con instrumentos propios
del cuartel o la cárcel, un proyecto inseparable no ya del designio
subjetivo sino de tratar al ciudadano como menor de edad. Esa corriente
idéologue tendrá poco después su contrapartida
británica en el utilitarismo de Bentham y Mill, parejamente autoritario
y esquemático, que el hijo de éste John Stuart- intentará
armonizar con la libertad civil132.
En ambos casos la pretensión es rehacer todo el derecho y
las instituciones sobre principios racionales133.
2. La Ilustración philosophe
Vespasiano evitó abaratar el transporte terrestre para proteger
a su plebicula, y la idea de que el pueblo estará mejor
evitando ingenios mecánicos resurge como antes se apuntaba en Inglaterra,
país pionero en industrialización, con un movimiento tecnófobo
remitido al legendario Ned Ludd, tejedor, capitán y rey. Sus millares
de adeptos, que empiezan demandando un sistema de precio fijo, dan rienda
suelta a la frustración resultante lanzándose a destruir
máquinas e instalaciones, incluyendo a los propietarios si oponen
resistencia. Los ludditas ingleses no fueron ni comunistas ni partidarios
de Robinsón, pero su causa es afín -por radical- a la que
propone abolir la propiedad o la civilización, dos ideas que fascinan
en los salones franceses. Artesanos de Lancaster o Leeds se parecen muy
poco por credo y atuendo a gentilhombres versallescos y parisinos, aunque
un espíritu nostálgicamente visionario prende por igual
en ambos.
Los hombres de letras se convirtieron entonces en los primeros políticos
de Francia, para sustituir las complicadas costumbres del pasado por reglas
sencillas134,
y una marea de crítica dogmáticamente acrítica
[
] se resolvió en volúmenes rebosantes de autocomplacencia135.
Voltaire, el más sutil y cultivado, atribuye todos los males a
la Iglesia (lInfame), defiende exclusivamente
libertad literaria y recomienda al monarca galo imitar al
gran emperador de la China por autoridad absoluta. Diderot
(1713-1784), cuya energía saca adelante la Enciclopedia,
pone en boca de un tahitiano imaginario su propio discurso sobre el desarrollo
industrial:
Has entrado en nuestras cabañas, ¿crees que nos
falta algo? Puedes perseguir hasta donde quieras lo que llamas las comodidades
de la vida; pero deja que los seres sensatos se detengan en lugar de
continuar sus penosos esfuerzos, que sólo les proporcionarán
bienes imaginarios. Si nos convences, moviéndonos a superar el
estrecho límite de nuestras necesidades, ¿cuándo
podremos dejar de trabajar? ¿Qué tiempo tendremos para
disfrutar?136.
Su amigo Rousseau (1712-1778), un ginebrino, piensa que la división
del trabajo ha transformado algo positivo como el amour de soi
del noble salvaje en algo negativo como el amour propre del civilizado,
alguien que siendo al tiempo competitivo y dependiente sólo puede
progresar en desigualdad, temor, sospecha y envidia137.
No coincide con otros philosophes en apoyar el despotismo ilustrado
al contrario, advierte que el pueblo sólo podrá educarse
merced al autogobierno-, y plantea la libertad como esencia del ser humano
en El contrato social (1762), que se convertiría en Biblia
para los revolucionarios holandeses y franceses. Por otra parte, su démocratie
es algo más próximo a cierta unidad mística que a
una administración civil, en la cual la volonté de tous
-computable en forma de votos- está sujeta a cierta volonté
générale única y sublime, que en
vez de contemplar el interés privado contempla el común138
y busca siempre la igualdad139.
El régimen roussoniano no carece de serios peligros para las libertades
concretas, ya que rechaza la división del poder político
en ejecutivo, legislativo y judicial (la soberanía es única
e indivisible), y plantea la democracia como una religión
política con dogmas sencillos140,
donde quien no crea en ellos será ejecutado. El contrato social
crea teóricamente una asociación [
] donde al
unirse a todos cada uno sólo se obedece a sí mismo, y permanece
tan libre como antes141,
pero el hecho de que la volonté générale trascienda
cualquier mayoría cuantitativa justifica su encarnación
en individuos singulares, inaugurados unas décadas después
por el Incorruptible (Robespierre) y proseguidos por ulteriores líderes
del terror como atajo hacia la virtud social.
De hecho, aquello que Rousseau llama libertad no es autonomía de
criterio y acción, sino una obediencia a la voluntad general
que fuerza a ser libre142,
en un marco ético donde se descartan como vicios criminales gran
parte de los gustos y profesiones de su tiempo. Desde 1750, cuando el
premio convocado por cierta academia le lleva a escribir su Discurso
sobre las artes y las ciencias, se entrega en cuerpo y alma a demostrar
una oposición irreductible entre Naturaleza y Sociedad que empieza
considerando lo inmoral del artista y el científico. A diferencia
de las verdaderas necesidades humanas, las artes y las ciencias
son meros subproductos del orgullo y la vanidad, cuyo lamentable resultado
ha sido crear oportunidades de ocio y lujo que ensanchan el abismo entre
los grandes y los pobres.
Ocho años más tarde, en su Carta a DAlembert sobre
el teatro, extiende el reproche a los géneros que él
mismo cultiva profesionalmente la comedia, la novela y la composición
musical-, afirmando que cuanto menos lugar ocupen librerías y centros
de esparcimiento más se parecerá una sociedad a esa
Esparta que es imposible citar lo bastante como ejemplo a seguir.
Ha leído siendo muy joven las Vidas paralelas de Plutarco,
y con ese banco de datos esboza la primera filosofía romántica
de la historia, donde los héroes son Creta, Esparta, Persia y Roma143.
Atenas y las demás polis democráticas griegas, como la Europa
posmedieval, son modelos de corrupta decadencia. Ser el paladín
de la libertad pura y originaria le insta a venerar Estados hostiles por
sistema a la libertad política, que le parecen las escuelas auténticas
de ciudadanía.
Podemos despedirnos de Rousseau con algunos fragmentos de su Discurso
sobre economía política, que Diderot sorprendente
en la elección de especialista- le encarga para la Encyclopédie.
Estamos en 1755, cuando hay ya una notable bibliografía sobre el
tema, aunque el artículo no contenga sola referencia a ella. Como
Adán, que según la tradición poseía ciencia
infusa, examina el asunto a la única luz de su personal entendimiento:
La voluntad general es el primer principio de la economía
política. El segundo es conformar las voluntades particulares
a la voluntad general, estableciendo el reino de la virtud [
].
La regla más importante en finanzas es preocuparse más
de evitar necesidades que de incrementar las rentas. Y como los dirigentes
son dueños del todo el comercio del Estado nada es más
fácil para ellos que dirigirlo hacia los canales aptos para satisfacer
cualquier necesidad, sin parecer que interfieren [...]
Deben establecer aranceles sobre la importación de bienes foráneos,
prohibir la exportación de los no muy abundantes, gravar el producto
de las artes frívolas y demasiado lucrativas, y desterrar la
importación de cualesquiera artículos de lujo. Esto aliviará
a los pobres, evitando el crecimiento continuo de la desigualdad en
fortunas. Tal es la costumbre constante en China, donde sólo
el comprador asume los costes y el pueblo no resulta oprimido.
Los economistas franceses
Acomodarse sobre las laderas de un volcán llamado a entrar en actividad
abona un florecimiento doctrinal, que junto al naturalismo-primitivismo
de Diderot y Rousseau ofrece el materialismo llamado filosófico144,
el comunismo ilustrado, la ya mencionada idéologie y la
escuela-secta de los fisiócratas145.
El fundador de ese movimiento anti-colbertista fue François Quesnay
(1694-1774), médico personal de Luis XV y madame de Pompadour,
su favorita, que opuso al dirigismo tradicional en su país el famoso
lema laissez faire, laissez passer146,
pues la economía política constituye cierto sector de una
Naturaleza armoniosa en todas sus obras, cuya operación no debe
ser interferida.
La fisiocracia está inmersa en las coordenadas generales de la
Ilustración gala, y sólo se distingue de la ideología
y el resto del despotisme légal por la brillantez de sus
miembros-iniciados. Todos tienen muy claro que la economía política
es un sistema donde magnitudes interdependientes van equilibrándose
en cualquier caso principal cosa ignorada por los mercantilistas-,
y Quesnay merece admiración entre otras varias razones por su descripción
del flujo monetario147.
Turgot, su discípulo dilecto y último gran ministro de Hacienda
del Antiguo Régimen, es a juicio de Schumpeter el mayor economista
de todos los tiempos por agudeza analítica. Dupont de Nemours,
otro de los juramentados, influiría sobre Adam Smith con el sistema
de aranceles bajos expuestos en su Fisiocracia (1770), y tras diversas
peripecias acabó fundando en Norteamérica la más
duradera dinastía industrial conocida148.
Quesnay mantuvo que en ausencia de monopolios la libertad individual para
perseguir el propio interés asegura la satisfacción máxima
para las necesidades del conjunto149.
Pensaba que las clases sociales son complementarias una idea bautizada
luego como armonismo por sus compatriotas Say y Bastiat-, y tiene algo
de asombroso que fuese tan hostil a cualquier forma de privilegio cuando
vivía en el entresuelo del palacio de Versalles. Nos ayuda a entenderlo
el estado del agro francés, que en vez de medidas proteccionistas
demandaba más bien la apertura de mercados exteriores. Pero la
sagacidad personal de los fisiócratas no les evita salvo
en el caso de Dupont, que se independiza pronto- un doctrinarismo llamado
a incurrir no ya en lo incoherente sino en lo irrisorio. Como observó
Hume, amigo personal de algunos, ese a priori les condenaba a ser los
hombres más quiméricos y arrogantes de la actualidad150.
En efecto, el dogma de la secta se desdobla en tres proposiciones: 1)
sólo la agricultura logra un beneficio no contrapesado por sus
costes; 2) todos los impuestos deben reducirse a un gravamen único
sobre la renta de la tierra; 3) la sociedad está formada por una
classe productive de campesinos, una classe souveraine de
nobles terratenientes y una classe stérile donde entran
todos los demás. El comercio y cualquier industria distinta de
la agropecuaria no son fuente de ganancia real (produit net), dado
que se limitan a generar ingresos en el mejor de los casos iguales a sus
gastos. Tampoco crea excedente la masa de asalariados que no esté
empleada en el campo. La clase soberana, en cambio, está lejos
de ser estéril y debe considerarse mixta, porque sostiene
al campo con adelantos (avances) sobre las cosechas, hace circular
sus productos y mantiene disponibles a sus miembros para cubrir cargos
públicos151.
Si la classe souveraine es productiva por adelantar dinero, consumir
productos rurales y desempeñar cargos públicos ¿qué
impide a la clase media hacer esas tres cosas y ser mixta
en vez de estéril-, salvo un conjunto de privilegios detentados
por la nobleza? Los fisiócratas no lo ven así, ciertamente,
pero el pueblo francés se decantará muy pronto por elevar
el produit net aboliendo el estamento nobiliario en cuanto tal.
Eximio como teórico, el Turgot ministro suspendió su compromiso
con el laissez faire obstaculizando las exportaciones de productos
industriales, so pretexto de mantener al alza el precio de los agrícolas152.
El desprecio de su secta por lo manufacturado superó
siempre al aprecio por la libertad civil, algo ya implícito en
la pretensión de que la agricultura y más concretamente
una agricultura desempeñada por siervos- es la única fuente
de rendimiento real153.
Trece años antes de que estalle la revolución Turgot ha
presentado a Luis XVI una Memoria donde afirma:
En el plazo de diez años vuestro pueblo estará
desconocido y aventajará infinitamente a todos los demás
por su ilustración, sus buenas costumbres, por el celo inteligente
que mostrará en vuestro servicio154.
Por lo demás, la inminencia del naufragio inspira a los fisiócratas
una amalgama de lucidez y audacia, que opone al sermón tradicional
sobre austeridad, baratura y proteccionismo algo bastante más próximo
al criterio contemporáneo del gasto como inversión. Quesnay
afirma que la frugalidad es la madre de la pobreza, y se adelanta
claramente a Smith en presentar como principio general la soberanía
del consumidor, equiparando bien común con un fortalecimiento de
la demanda que sostenga el paso de la necesidad al lujo155.
2. El comunismo ilustrado
La oposición entre naturaleza y sociedad que hallamos en Rousseau
y Diderot no les lleva a plantear tesis comunistas, sino a reformas que
dirijan el Progreso hacia metas menos decadentes. Aunque añoran
una Edad de Oro pretérita -para ellos indiscernible del cazador-recolector,
y previa a la institución del dinero-, no ven practicable ni retroceder
al ingenuo salvaje ni condenar la propiedad privada156.
Con todo, la corriente utópica de Moro y Campanella resurge a finales
del XVII con una secuencia de obras sobre sociedades perfectas que coinciden
en ser insulares un símbolo de su autarquía económica-
y desconocer la posesión exclusiva de bienes. Empiezan siendo libros
de aventuras precursores de la ciencia-ficción, donde el ideal
de una propiedad común no se enuncia con particular vehemencia,
y parten de un superventas publicado por el hugonote Denis de Vairasse157.
Al año siguiente aparece La Tierra Austral de Sadeur, donde
la sociedad descrita es anarco-comunista, y desde entonces hasta mediados
del XVIII con El viaje de Nils Klim al mundo subterráneo,
del danés L.Holberg- este género a caballo entre lo fantástico
y lo edificante disfruta no sólo de cultivadores sino de una entusiasta
acogida popular. En sus Aventuras de Telémaco (1699), el
abate Fénelon incluye como capítulo 8 la descripción
de un país comunista totalmente apacible y dedicado a la agricultura,
cuyos habitantes se amaban con un amor fraterno al ser todos libres,
todos iguales.158
Restif de la Bretonne, director de la Biblioteca Real francesa, atribuye
asombrosos avances técnicos a otra sociedad comunista remota en
El descubrimiento austral por un hombre volador o El Dédalo
Francés, novela muy filosófica seguida de La carta
de un simio. Cabe incluso incluir en esta rúbrica las Aventuras
de Gulliver, que es la sátira de Swift al propio género159.
Regresando a lo natural
La gravedad ética retorna con el abate Morelly160
y su Naufragio de las islas flotantes o Basiliada del célebre
Pilpaï (1753), un poema épico en dos volúmenes
sobre una isla feliz donde vive un pueblo inocente por no haberse
desviado del camino que trazó la Naturaleza161.
La obra contiene algunas concesiones al género empezando
por decir que traduce un original antiquísimo escrito en sánscrito-,
pero lejos de centrarse en artilugios pintorescos hace una apasionada
defensa del colectivismo. Eso le valió reseñas negativas
y un comentario irónico del propio Quesnay ¿se
imaginan un teatro con localidades igualmente buenas?162-,
a los cuales respondería con el Código de la Naturaleza
o verdadero espíritu de sus leyes, desconocido o esquivado en todos
los tiempos (1755). Escrito en prosa, y publicado de modo anónimo,
aporta un programa considerablemente meritorio, pues presenta con
todo detalle soluciones a los problemas prácticos de estructura
y administración de una sociedad comunista163.
El anonimato hará que algunos atribuyan el Código
a Diderot, aunque su prefacio defiende la Basiliada contra supuestos
sabios admirados por nuestra imbecilidad164
y el contenido del libro hace inverosímil esa atribución.
La nostalgia de Diderot por el noble salvaje quiere quitarle su brida
teológica a las pasiones entregarse a ellas sin sentimiento
de culpa-, y Morelly logra algo tan distinto como depurar la tradición
ebionita pasándola por el filtro de las Luces. Su proeza intelectual
es un rechazo del tener (avoir) apoyado exclusivamente
sobre la razón, y formular por primera vez que todas las
desviaciones inmorales del comportamiento normal derivan de la sociedad
capitalista165.
Como la realidad supera siempre a la imaginación en riqueza de
matiz y pormenor, nada es más procedente que la letra de su texto:
El único vicio que percibo en el universo es la Avaricia,
pues todos los otros son variaciones, grados suyos [
]
Encontramos el deseo de tener incluso en el fondo del desprendimiento,
pero si nos desprendemos realmente de él llegaremos a una situación
donde resulta casi imposible que el hombre sea depravado y malvado,
pues es casi matemáticamente comprobable que toda propiedad privada
de los bienes provoca en la sociedad lo que Horacio llama materia
para el máximo mal.
Todos los fenómenos morales y políticos son efectos de
esta causa perniciosa [
] y todos los productos monstruosos que
vienen de las aberraciones de la mente y el corazón derivan de
la tendencia de los legisladores a permitir que el vínculo primario
de cualquier sociabilidad sea roto por la usurpación de aquellos
recursos que deberían pertenecer en común a todos.
Si suprimimos la propiedad privada apenas restarán algunas leves
discordias, y la sociedad recobrará rápidamente su armonía166.
Una vez abolida la propiedad no hay inconveniente en mantener la división
del trabajo y un aparato gubernativo, ya que ni lo uno ni lo otro estarán
expuestos a abuso. Pero impedir que la propiedad reaparezca exige una
constitución comunista, y gran parte del Código se
dedica a exponerla con un sobrio sentido de la viabilidad167.
Dichos preceptos se agrupan en once capítulos, correspondientes
a otros tantos tipos de leyes (fundamentales o sagradas, económicas,
agrarias, edilicias, policiales, suntuarias, administrativas, gubernamentales,
conyugales, pedagógicas e instructivas), cuyo contenido puede
deducirse de cuatro ejemplos:
Nada pertenecerá a nadie [
] y todo ciudadano será
un hombre público, sostenido y empleado a expensas públicas168.
Nada se venderá o intercambiará entre ciudadanos,
Quien necesite judías, verduras o frutas irá a la plaza
pública, donde esos artículos habrán sido traídos
por el cultivador, y se llevará lo que necesite para un día
exclusivamente169.
Las tiendas públicas y los cuartos de asamblea serán
levantados con arreglo a una estructura uniforme y agradable, en torno
a una gran plaza de lados iguales, y las vecindades se distribuirán
por intervalos regulares, del mismo tamaño y forma, divididas
uniformemente en calles170.
Todo ciudadano tendrá una ropa de trabajo y otra de fiesta,
ambas adornadas modesta y apropiadamente, sin admitirse ornamento que
permita a una persona destacar sobre otras. Toda manifestación
de vanidad será suprimida por los jefes de familia171.
El lugar del Morelly en la historia oficial del comunismo no está
a la altura de sus méritos, pues nadie había cuestionado
la propiedad privada desde una perspectiva extrateológica, y tampoco
reunido el conjunto de lo indeseable como efecto de esa sola causa. No
incurro en la temeridad de pretender reformar al género humano,
como empieza diciendo, parece una incoherencia pero funda una inversión
en los términos esencial para todo el pensamiento comunista ulterior.
La temeridad reformista fue consagrar un tener excluyente
que Morelly llama también salir de la Naturaleza, experimento
funesto aunque pasajero que una vez anulado permitirá a los seres
humanos existir como realmente son.
El Código define también la ideología en el
sentido de Marx, como creencia determinada por la posición social
de cada individuo y grupo, y lo hace inmediatamente después de
negar que su propuesta sea temeraria: La verdad [
] .la niegan
los interesados en engañar a la humanidad, o está enmarañada
por los errores en cuya virtud el resto se dejó engañar.
He ahí el acta de nacimiento para una filosofía sistemática
de la sospecha, con engañadores y engañados como hilo argumental,
que luego se atribuirá en exclusiva al comunismo llamado científico.
Por lo demás, el olvido de Morelly en términos subjetivos
lo compensa objetivamente el hecho de que su libro inspire en 1794 la
Conjura de los Iguales, primer intento de asaltar el Estado para abolir
la propiedad privada.
El siguiente y último philosophe comunista es otro abate,
G. de Mably (1709-1785), que llega a ese ideario ya senecto y lo plasma
en su De la legislación o principios de las leyes (1776).
Allí leemos que el lujo proporciona a los ricos todos los
vicios de la pobreza, y a los pobres una codicia que sólo pueden
satisfacer con crímenes, o con las más envilecedoras ruindades172.
Las colonias francesas en Canadá y Louisiana le ofrecen datos para
admirar a las tribus ágrafas americanas, donde las familias
viven tranquilamente en común cubriendo sus necesidades por medio
de la caza. Imitarlas exige reducir de modo drástico el número
de seres humanos, sin duda, pero ni él ni Morelly consideran indeseable
una humanidad reducida a la milésima parte de sus habitantes mientras
se mantenga solidaria. Como Rousseau, Mably añora la selección
eugenésica espartana y venera a su legislador, Licurgo, pues nadie
ha conocido mejor los designios de la Naturaleza173.
La corriente inaugurada por santo Tomás Moro ha dejado atrás
la proposopeya de islas australes para propugnar una imitación
de pueblos efectivos, cuya existencia denuncia los artificios del industrialismo,
y es notable que el libro de Mably aparezca el mismo año que el
Wealth of Nations de Smith. En un lado del canal de la Mancha se
componen monumentos a la complejidad económico-social, y en el
otro mientras fermenta la más grandiosa de las revoluciones-
la propuesta es un retorno a la sencillez de los iroqueses y mohicanos.
Tras repasar el pensamiento de sus compatriotas, Durkheim lo resume en
un modo paradójico de combatir la pobreza:
La fórmula del socialismo [sansimoniano] consiste en
regular las operaciones productivas de modo que concurran armónicamente.
La fórmula del comunismo es regular los consumos individuales
de modo que sean siempre idénticos y mediocres. En un caso el
propósito es la cooperación regular entre funciones económicas
[...] con vistas a un máximo de rendimiento. En el otro se busca
simplemente impedir que unos consuman más que otros. Allí
se organizan los intereses particulares, aquí resultan suprimidos174.
Antonio Escohotado
Julio, 2007
NOTAS
119
Rousseau 1963, p. 184.
120
A su condición de Padre Fundador de los Estados Unidos, artífice
de la vital alianza con Francia, añadió un largo catálogo
de inventos y una comprensión pionera del fuego eléctrico.
121
Franklin en Weber 1998, vol. I., p. 38-39.
122
La codicia de los mandarines chinos, de los antiguos patricios
romanos o de los modernos agricultores resiste toda comparación
[
] Precisamente la falta más absoluta de escrúpulos
a la hora de imponer el propio interés en materia de dinero caracteriza
a los países cuyo desarrollo capitalista ha permanecido retrasado
en relación con las pautas occidentales; Weber ibíd,
p. 48-49, subrayados suyos.
123
Mateo 6, 34.
124
Weber ibíd, p. 51-52.
125
El inglés James Watt patenta en 1768 la primera máquina
de vapor, que desde 1774 se produce en serie.
126
Allí la guerra civil ha acontecido más de un siglo antes,
con las luchas entre el Parlamento y la Corona que devastan el país
entre 1642 y 1651.
127
Smith, Steuart, Ferguson y Gibbon, parientes espirituales de un Montesquieu
que a sus compatriotas les parece anglófilo.
128
Hegel 1955, vol. III, p. 383.
129
En el Wealth of Nations leemos, por ejemplo: La Iglesia
romana fue en la Edad Media la combinación más formidable
contra la libertad, la razón y la felicidad. Pero su poder fue
destruido por el progreso de las artes, las manufacturas y el comercio;
Smith 1982, p. 706.
130
Según el idéólogue Mercier de la Rivière;
cf. Tocqueville 1982, p. 173.
131
Rush, en Szasz 1981, p 185-186.
132
Jeremías Bentham (1748-1832), un niño prodigio, escribió
sus Principles of Morals and Legislation (1789) para demostrar
que el dolor y el placer son los soberanos de la Humanidad,
y que el principio moral absoluto es la máxima satisfacción
para el mayor número. Ni allí ni en ninguna otra
parte de su copiosísima obra encontramos reflexiones sobre el
concepto de justicia. Mandó ser embalsamado y expuesto al público
con su ropa y bastón favoritos, dentro de un habitáculo
que sigue atrayendo en Londres a devotos y turistas. El Essay on
Government de su secretario Mill no se puede calificar sino
de absurdo insalvable, aunque según parece inextirpable
(Schumpeter 1995, p. 486). El logro de ambos es formular la más
superficial de todas las filosofías de la vida (ibíd,
p. 173).
133
Hayek 1960, p. 174.
134
Tocqueville 1982, p. 156.
135
Schumpeter 1995, p. 162. Y prosigue: En esta época, autonombrada
Edad de la Razón, el mejor antídoto para los cumplidos
que los literatos solían dirigirse a sí mismos es leerles.
136
Suplemento al viaje de Bougainville, 1771; en Horowitz 1982,
vol. I, p. 80.
137
El tema se aborda monográficamente en el Discurso sobre el
origen de la desigualdad (1755) y Emilio o la educación
(1762).
138
Rousseau 1963, p. 73.
139
Ibíd, p. 70. Bertrand Russell observa que la libertad es
sólo la meta nominal de Rousseau, cuando de hecho estima e intenta
asegurar la igualdad, aún a costa de la libertad; cf. Moya
2007, p. 296.
140
Esos dogmas son la existencia de la Divinidad poderosa, inteligente,
bienhechora, previsora y providencial, la vida venidera, la dicha de
los justos, el castigo de los malvados, la santidad del contrato social
y de las leyes; Rousseau 1963, p. 186.
141
Ibíd, p. 61.
142
Ibíd, p. 64.
143
En su Discours sur léconomie politique afirma: Sólo
conozco tres pueblos que practicasen la educación pública:
los cretenses, los espartanos y los persas, logrando el mayor de los
éxitos y consiguiendo maravillas en los dos últimos casos.
De Roma alega: Fue durante quinientos años un milagro continuo
que el mundo no podrá resucitar. La virtud de los romanos, engendrada
por su horror a la tiranía y un patriotismo innato, hizo de cada
uno de sus hogares una escuela de ciudadanía. Seis párrafos
después afirma que los pueblos más degenerados y
oprimidos son las naciones conquistadoras, quizá entendiendo
que Roma no fue una nación conquistadora.
144
El barón DHolbach, por ejemplo, escribe un Systéme
de la nature (1770) en dos volúmenes donde ésta habla
en primera persona, y concluye diciendo: ¡Oh vosotros que
tendéis a la dicha en cada instante de vuestra duración,
no resistáis a mi voz soberana! ¡Gozad sin temor!.
Un ánimo algo menos exultante, aunque expresiones idénticas
(gran Todo, Causa absoluta, Uno inmenso)
inspiran a J.B. Robinet los cinco volúmenes de su De la nature.
Como Helvetius, estos autores traducen alma por materia y Dios por Naturaleza,
ofreciendo sistemas filosóficos cuya ambición sólo
puede parangonarse con su ingenuidad. El deísmo, otra variante,
mantiene la fe en el Ser Supremo suprimiendo el dogma de las religiones
positivas.
145
Fisiocracia: fuerza (cratos) de la naturaleza (physis).
Para ingresar en ella era preciso un juramento de fidelidad al Maestro
y la Doctrina.
146
Usando una expresión del hacendista Boisguillebert (1646-1714),
que cifró lo necesario en laissez-faire la nature et la liberté;
cf. Schumpeter 1995, p. 258-259.
147
El circuito en zigzag de su Tableau sigue la circulación
del efectivo como si fuese flujo sanguíneo, y pretende ofrecer
a Luis XV un modo de aliviar su bancarrota sin merma para la renta nacional.
Eso pide detectar no sólo dónde está realmente
el dinero en cada momento del ciclo, sino qué tipo de impuesto
evitará lo equivalente a no encontrar la vena buscada, o desangrar
al paciente.
148
Dotado con talentos de pianista, no de compositor (Schumpeter
1995, p. 269), presidió la Asamblea Nacional francesa y se salvó
in extremis de la guillotina, gracias a la ejecución de
Robespierre el día antes. Una vez en América, organizó
con su amigo Jefferson la creación del dólar e inauguró
una fábrica de pólvora -la Du Pont Company- que evolucionaría
hasta ser actualmente la segunda empresa química del mundo, origen
del nylon, el neopreno, el teflón, la licra y un largo etcétera.
149
Desde los Principles of Economics (1890) de Marshall este criterio
se conoce como máximo en competencia perfecta.
150
Carta a Morellet de 10-7-1769.
151
Cf. Samuels Warren 1961, p. 96-111.
152
Ibíd, p. 106.
153
Schumpeter observa que Quesnay sólo ve producción
de plusvalía en la tierra. Marx no la ve sino en el caso del
trabajo. Ninguna de las dos construcciones reconoce productividad al
capital, en el sentido de instalación, equipo y material
(1995, p. 282). Schumpeter omite aquí no en otras partes
de su obra- que la innovación-descubrimiento es un factor bastante
más capaz de producir valor excedentario que la tierra,
las instalaciones y la mano de obra.
154
Cf. Tocqueville 1982, p. 172. Esto no altera que Turgot fuese un funcionario
de honorabilidad impecable, cuyos planes de reforma administrativa y
fiscal serían asumidos en buena medida por la Francia republicana.
Si perdió el favor de Luis XVI fue por querer llevar adelante
un programa de lucha contra el privilegio odioso para la Iglesia, la
Corte y el resto de la nobleza.
155
Aquí se mantiene también fiel a su dogma agrario, y contrapone
un deseable luxe de subsistence (alto nivel de consumo en productos
del campo) a un indeseable luxe de décoration (centrado
en manufacturas); cf. Siegel 1973, p. 234.
156
Rousseau, en su artículo Economía política
de la Enciclopedia, afirma que el el derecho de propiedad
es el más sagrado entre los de la ciudadanía, aún
más importante en algunos aspectos que la propia libertad.
157
Historia de los sevarambos, pueblos que habitan la tierra austral,
conteniendo una relación del gobierno, las costumbres, la religión
y el lenguaje de dicha nación, desconocida hasta ahora para los
pueblos de Europa (Ámsterdam 1675).
158
Fénelon en Fetscher 1977, p. 57.
159
Su libro III dedicado a la isla flotante de Laputa- describe los
trabajos de una Academia aplicada a reconvertir excrementos humanos
en la comida de la cual partieron, un modo ciertamente ácido
de ridiculizar a la propia utopía.
160
No se conservan fechas de nacimiento y defunción, ni otros detalles
biográficos de Morelly. Ser abate alguien ligado a la Iglesia
por órdenes menores (en contraste con las órdenes mayores
o solemnes del sacerdote)- explica su evidente dominio del latín,
aunque no le impide ser agnóstico.
161
Cf. Durkheim 1982, p.139.
162
Cf. Samuels Warren 1961, p. 106. Sin el acicate de la propiedad privada
las personas no se verán inducidas a trabajar con eficiencia,
cuando lo esencial para una sociedad bien ordenada es que todos
trabajen para los demás creyendo que trabajan para ellos
(Quesnay en Siegel 1973, p. 226).
163
Schumpeter 1995, p. 180.
164
Prefacio, p. 38. Uso la excelente versión online del original
francés (taieb.net/auteurs/Morelly/Code).
165
Schumpeter 1995, p. 180.
166
Libro I, p. 30-33.
167
Schumpeter, ibíd.
168
Leyes sagradas, I.
169
Leyes económicas, XI.
170
Leyes edilicias, I-II.
171
Leyes suntuarias, III.
172
Oeuvres, XIV, 342-343; cf. Durkheim 1982, p. 140.
173
Observaciones sobre la historia de Grecia, en Oeuvres,
IV, 22.
174
Durkheim 1982, p. 145.
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Copyfreedom Antonio Escohotado 2007
LOS ENEMIGOS DEL COMERCIO
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