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LOS ENEMIGOS DEL COMERCIO
XX. LIBERALISMO Y REVOLUCIÓN
En un Estado democrático [
] todos acuerdan obrar de conformidad
con un decreto común, pero no juzgar y razonar en común175.
La teoría liberal se completa al tiempo que la comunista, no como
alternativa a ese ideario por entonces exótico- sino para
responder al absolutismo monárquico. El liberal no puede ser conservador,
a despecho de que apoye la propiedad privada como institución,
porque apuesta por la autonomía individual y quiere consolidarla
del modo más inequívoco y práctico posible, que es
regulando los deberes hacia terceros. Relativista por vocación,
contempla la intemperie de la vida sin esperanza de milagro, tratando
de identificar lo propicio para una mayor eficacia del esfuerzo
humano176.
Está orgulloso de responder con un no sé y un lo
estudiaré a cuestiones donde el resto dispone de dogmas ciertos,
y cifra la prudencia en aprender a jugar sin trampas:
El hombre doctrinario [
] imagina que puede organizar a
los diferentes miembros de una gran sociedad con la misma desenvoltura
con que dispone las piezas de ajedrez en un tablero. No percibe que
las piezas tienen por único principio motriz el impreso por la
mano, y que en el vasto tablero de la sociedad humana cada pieza posee
un principio motriz propio, independiente por completo del que la legislación
elija imponerle. Si ambos principios coinciden y actúan en el
mismo sentido, el juego de la sociedad humana proseguirá sosegada
y armoniosamente, y muy probablemente será feliz y próspera.
Si son opuestos o distintos, el juego será lastimoso y la sociedad
padecerá el desorden en grado máximo177.
La libertad responsable, núcleo del juego social, tiene visos de
idealismo considerando que amos y siervos llevan milenios identificando
libertad con irresponsabilidad. Pero cuando Smith escribe lo previo el
liberalismo cunde ya como mentalidad en buena parte de Europa, y falta
poco para que Norteamérica lo consagre en términos institucionales.
En su primera alocución como presidente del nuevo país Jefferson
anima a sus conciudadanos para que confíen en la fuerza y estabilidad
de un Estado no paternalista178,
prometiéndoles un gobierno que impida a los hombres lesionarse
unos a otros pero les deje regular libremente sus propios proyectos de
industria y mejora, sin quitarle de la boca al trabajador el pan ganado179.
1. Construyendo la democracia
Antes de hacerse políticamente consciente, el espíritu de
coacción mínima y no ingerencia informa hace siglos costumbres
y criterios de grupos e individuos tradicionalmente excluidos del poder
político. Como las bóvedas antiguas, se ha construido apilando
losas sobre un montículo de tierra con su forma hasta quedar pendiente
de una sola piedra miliar aquella capaz de absorber las tensiones
de cada arco-, que para el liberalismo será el Tratado teológico-político
(1665) de Spinoza. La obra se la ha encargado la diputación de
Ámsterdam, y ya en portada anuncia:
Algunas disertaciones para hacer ver que la libertad de filosofar
no sólo puede acordarse sin daño para la piedad y la paz
del Estado, sino que resulta imposible destruirla sin destruir al tiempo
la paz del Estado y la propia piedad.
El prefacio empieza explicando la superstición por el temor, y
éste por el hecho de que la especie ha venido reaccionando a sus
momentos de penuria extrema con brotes de la más extrema
credulidad, cuyo ulterior mantenimiento se asegura por la
esperanza, el odio, la cólera y el fraude. Consintiéndose
estar gobernados por el miedo, los individuos regalan al régimen
monárquico lo que éste ansía; a saber, que
combatan por su servidumbre como si se tratara de su salud, creyendo no
vergonzoso sino honorable en el más alto grado derramar su sangre
y perder la vida para satisfacer la voluntad de un solo hombre180.
Sobre ello se asienta la servidumbre antigua, incapaz de comprender
que el fin del Estado es en realidad la libertad181.
El resto del prefacio anuncia la argumentación que luego desarrolla
por extenso. En primer lugar, que el conocimiento revelado sólo
busca obediencia y es por eso enteramente distinto del natural. En segundo,
que las complexiones y actitudes diferentes constituyen una
manifestación de riqueza, y sólo desembocarán en
hechos catastróficos si el Estado olvida que los hombres deben
ser juzgados únicamente por sus obras, cosa del todo
factible. En tercer lugar, que querer arreglarlo todo con decretos
enerva los vicios en vez de corregirlos, pues todo lo no prohibible debe
necesariamente ser permitido182.
Conducirse con realismo en este orden de cosas explica que Ámsterdam
sea una villa tan floreciente y eminente.
La muerte alcanzó a Spinoza cuando redactaba un Tratado político
(1677), destinado a ampliar las consideraciones ya hechas sobre tolerancia
religiosa. Allí observa que la condición humana depende
finalmente de no transferir a otro el poder de defenderse,
y que todo hombre tiene tanto derecho como tiene fuerza (vis).
Vector de la plenitud actuante que su Ética llama alegría,
esa fuerza no puede identificarse con capacidad agresiva, pero colabora
con la intemporal meta de resistir a la opresión. Cuando el derecho
del individuo pasa a ser derecho político la fuerza se multiplica
por el número de ciudadanos, transformándose en una
universalidad racional y expansiva, idéntica al derecho de ser183.
El contrato social como hipótesis
El liberalismo encuentra su segundo gran portavoz en John Locke (1623-1704),
un whig puro que vive refugiado en Holanda los últimos años
de monarquía católica en Inglaterra, tres décadas
políticamente turbulentas aunque de formidable expansión
económica184.
Temiendo ser acusado de apología revolucionaria, demora la publicación
de sus Dos tratados sobre el gobierno (1689) hasta que el duque
de Orange acceda al trono inglés, y se cura en salud de recaídas
absolutistas omitiendo su autoría tanto en la primera edición
como las ulteriores.
El primero de estos ensayos argumenta contra el patriarcalismo,
última teoría aparecida en su tiempo para legitimar al autócrata.
El segundo describe la sociedad civil como fruto de un contrato que deja
atrás el estado de naturaleza, un planteamiento expuesto
por su compatriota Hobbes décadas antes cuando aún
no había concluido la terrible guerra civil inglesa (1642-1651)-
para justificar el derecho monárquico. Proyectando los horrores
de su tiempo sobre el pasado remoto, Hobbes supone que el estado natural
es una guerra incesante de todos contra todos (bellum omnis omne),
interrumpida sólo cuando los individuos pactan la cesión
de poderes absolutos a uno solo. Locke no admite esa omnipresencia del
pánico en las sociedades sin Estado, y se sirve del contrato político
originario para justificar un régimen liberal.
Prescindiendo de casos concretos por ejemplo, cómo la república
romana fundó una sociedad civil vocada a la tiranía185-,
postula que los hombres decidieron someterse a una Constitución
para preservar la propiedad de cada individuo, entendida como aquél
propius o mío que comprende vida, libertad y bienes186.
Hobbes alegaba que los súbditos someten sus bienes al derecho
del Soberano187
y mucho más sus opiniones, confiando en que a cambio de la sumisión
incondicional éste respetará su integridad física.
Locke objeta que ni los bienes ni la vida ni la libertad son cosas separables,
y que las sociedades políticas nacen para vivir de modo cómodo,
confiado y pacífico188.
El último párrafo del Tratado sobre la sociedad civil
-tan semejante al primero de la Declaración de Independencia norteamericana-,
reconoce que el pacto social es irreversible, y por eso mismo aconseja
regular cautelosamente la autoridad coactiva:
El poder que cada individuo otorgó a la sociedad cuando
se incorporó a ella permanecerá para siempre en la comunidad
[
] Pero si el pueblo ha dispuesto que el poder supremo de cualquier
persona o asamblea sea sólo temporal [
] tendrá derecho
a obrar siempre como poder supremo, y continuar legislando por sí
o darle nueva forma, o ponerlo en nuevas manos, según considere
bueno189.
Inmediatamente antes ha considerado el incierto humor del pueblo,
y la posibilidad de que estas ideas sean fermento para rebeliones
frecuentes. Pero sólo se rebelan los excluidos del proceso
político, y el mejor modo de disuadirles es asegurar la igualdad
jurídica, fundando el derecho de propiedad en el que cada cual
tiene a los frutos del trabajo. Respetar el resultado del esfuerzo, no
un linaje o cualquier otro tipo de privilegio, constituye la única
garantía permanente para que una sociedad prospere en recursos
y concordia. Locke funda su optimismo en que la disociación tradicional
entre propio y trabajo sea cada vez más insostenible,
y esté cumpliéndose para empezar en Inglaterra- una
revolución política que instala la libertad allí
donde reinaba una altiva condescendencia del amo por nacimiento.
Consecuente con ello es afirmar que el precio de las cosas se mide por
el número de horas empleado en producirlas, y de los Two Treatises
parte la teoría del valor-trabajo que caracteriza a la economía
llamada clásica. Por lo demás, Locke era un mercantilista
a la hora de interpretar la balanza de pagos, por ejemplo-, y ver
en los bienes materiales una simple application of labour le llevó
a cuestionar el proceso de acumulación. En principio, es una ofensa
a la Naturaleza detentar más de lo que resulta necesario
para vivir desahogadamente, pues la mayoría de los bienes son perecederos
y eso implica desperdiciarlos. Pero la invención del dinero permitió
que la propiedad se hiciera ilimitada, ofreciendo una cosa duradera
que los hombres podían almacenar sin echar a perder, y que por
mutuo consenso tomarían a cambio de los apoyos verdaderamente útiles
aunque perecederos de la vida190.
El interés común como hipótesis
Medio siglo después Hume denuncia el estado de naturaleza como
ficción filosófica que ni tuvo ni tendrá realidad191,
propia de un universo semántico que estorba como una camisa de
fuerza para entender el liberalismo de las sociedades comerciales. La
justicia se resume en tres leyes estabilidad de la posesión,
transmisión por consentimiento y cumplimiento de las promesas192-,
que si bien resumen el derecho natural sólo llegan a vertebrar
Estados como Holanda o Inglaterra gracias al artificio de
la educación y la convención. Artificio significa obra de
arte, un resultado ulterior y superior al instinto aunque exclusivamente
humano, cuya intervención queda oscurecida en Locke y el resto
de los contractualistas como su contemporáneo Rousseau- por
sistemáticas remisiones a decretos del Ser Supremo.
Las tres leyes de la justicia son conocidas por las sociedades sin
gobierno, que pasan a adquirirlo merced a un proceso insensible
por gradual, donde la expansión demográfica es paralela
a un incremento en riqueza y posesiones193.
Cuando el Estado resultante se emancipa del absolutismo dichas leyes siguen
determinando el progreso, aunque incorporadas a una esfera civil autónoma.
La divergencia entre formas místicas y prosaicas de comunidad política
se resuelve creando un sistema tan completo de libertades como el
que disfrutamos en esta isla desde la Revolución Gloriosa194.
Sobra, pues, delegar en órdenes divinas y promesas inconscientes
algo unido a conveniencias: El propio egoísmo que tan
violentamente enfrenta a los hombres unos con otros- es el que tomando
una dirección más adecuada produjo las leyes de justicia
y el primer motivo para observarlas, todo ello con vistas a realizar
progresos mucho mayores en la adquisición de bienes195.
Así como el altruismo impuesto aniquila cualquier desarrollo civil,
el egoísmo se cura comprendiendo las ventajas del cumplir el derecho
y es equilibrado por nuestra disposición a compadecernos o simpatizar
con los demás196.
Lo absurdo es pretender que haya paz y bienestar, o guerra al tirano cuando
proceda, alegando resortes distintos del interés por uno
mismo. Rebelarse no procede porque la tiranía viole el principio
del consent, o el de la volonté générale,
sino porque la obligación de obedecer cesa cuando ha de dejado
de convenir, siempre que esto ocurra en alto grado y en un número
considerable de casos197.
El poder de resistencia caracteriza a la materia desde sus manifestaciones
más elementales, y el cuerpo civil dispone de él en innumerables
formas que sólo están limitadas por el sentido común.
La naturaleza artificial o artística de la justicia, que la distingue
de cualquier pauta instintiva o natural, nace de mediar entre
estados mentales del ser humano (desde la avaricia extrema a la generosidad
ilimitada) y la situación de objetos externos, cuya
disponibilidad depende a su vez de no estorbar el intercambio comercial.
Elevad en medida suficiente la benevolencia de los hombres, o la
prodigalidad de la naturaleza, y haréis que la justicia se convierta
en algo inútil198,
pues refleja una escasez a la vez evitable e inevitable, que las sociedades
mitigan al crecer en libertad e ingenio. El gran desafío de la
condición humana no es la escasez tanto como esa mezquindad
de alma que nos lleva a preferir lo presente a lo remoto, imponiendo
el corto plazo en detrimento del largo.
El principal recurso de la especie para remediar dicha flaqueza son las
propias leyes fundamentales de la justicia, donde se manifiesta de modo
especialmente claro esa elección entre el hoy y el mañana.
La estabilidad de la posesión, por ejemplo, favorece en principio
a estafadores que falsificando títulos de propiedad se aseguran
no ser desalojados sin un largo y costoso juicio. El cumplimiento de las
promesas obligará muchas veces a cumplir un pacto extraído
con algún otro recurso ilícito, exponiéndonos a probarlo
en debida forma o indemnizar cuando en justicia no procede. Mientras el
corto plazo vele el largo, no percibimos la ventaja de aceptar esos innumerables
contratiempos puntuales como pago por disponer de un derecho común.
Pero precisamente de respetar la generalidad inflexible199
se sigue la diferencia entre civismo y barbarie: A despecho de estar
formada por hombres sujetos a todas las flaquezas [
] la sociedad
civil se convierte en un cuerpo complejo que de algún modo está
libre de todas ellas200.
2. La república democrática
Hume se ganó la condena unánime de católicos y reformados
proponiendo un fundamento meramente humano para la ética, que a
su juicio descansa sobre la simpatía201
como grandeza de alma y virtud social por excelencia. Especialmente blasfemo
fue decir que hasta el propio bien común nos sería
indiferente si la simpatía no nos hiciera interesarnos por él202.
Pero esta precedencia del ánimo sobre la ideación formaba
parte de los nuevos tiempos, y más específicamente del proyecto
de actualizar la inteligencia con una autocrítica que la aligerase
de encantamientos. Tal como las oraciones suplicando lluvias pueden ahorrarse
construyendo embalses, implorar la benevolencia del jerarca absoluto puede
ahorrarse controlando el poder político. El desencantamiento del
mundo, paralelo al de la propia razón con mayúscula, resulta
encantador para quienes confían al trabajo experto lo antes encomendado
al mando y la obediencia incondicional.
La tradición inglesa profundiza en el liberalismo prescindiendo
de procesos electorales, Rousseau y otros ilustrados franceses como
Morelly y Mably- proponen la democracia directa al estilo suizo, y corresponde
a los colonos norteamericanos fundir en un sistema viable las conquistas
políticas de su metrópolis con el principio del sufragio
universal. El hombre decisivo para ello es Thomas Jefferson (1743-1826),
responsable en gran medida de que su país no se convirtiera en
una monarquía constitucional, con Washington como primer rey. Cuando
sea elegido presidente203
el liberalismo es democracia en sentido estricto, y parte de un criterio
meridianamente claro sobre la diferencia:
Todos tendrán en mente el sagrado principio de que si
bien ha de prevalecer siempre la voluntad de la mayoría, esa
voluntad ha de ser razonable para ser legítima, pues la minoría
posee derechos iguales, que leyes iguales deben proteger, y violar esto
sería opresión204.
Ayuntamientos neerlandeses y cantones helvéticos llevaban siglos
preparando esta revolución, que ahora prende en un país
gigantesco colonizado por inmigrantes de media Europa, donde las cábalas
sobre contratos originales dan paso a una Constitución consensuada
efectivamente por representantes de todos sus territorios. La igualdad
jurídica es allí algo tan indiscutible que quien pretenda
ostentar algún título hereditario renuncia a la ciudadanía;
el dogma y la cuna probarán sus méritos por caminos distintos
del privilegio, en competencia con dogmas y cunas alternativos. Al mismo
tiempo, y por las mismas razones, cesa la tutela indefinida en materia
de ideas y costumbres que representan los censores, una facultad ostentada
hasta entonces en todas partes por el poder político.
Jefferson se aplica a levantar un muro entre el Estado y los individuos,
para abolir el prejuicio de que las operaciones mentales y actos
del cuerpo son materia sujeta a la coacción de las leyes, cuando
los poderes legítimos del gobierno sólo se extienden a actos
lesivos para otros205.
Por ejemplo, legislar sobre fe, dieta o cualquier objeto de idiosincrasia
personal prescinde de que la verdad se defiende sola, apoyada sobre
el libre examen, el experimento y la razón, y sólo el error
necesita apoyo del gobierno206.
Si el Estado no ciñe su defensa de la libertad a actos verdaderamente
lesivos para terceros asumirá tareas de salvador y terapeuta, inseparables
a su vez de luchas facciosas cuya fantasía prototípica es
un lecho de Procusto, donde el peligro de que los hombres grandes
ganen a los pequeños se evita haciendo a todos del mismo tamaño,
por el procedimiento de estirar a los segundos y cortar a los primeros
[
] Pero millones de quemados, torturados, encarcelados y multados
no nos han acercado una pulgada en uniformidad. El efecto de la violencia
ha sido hacer estúpida a una mitad del mundo, e hipócrita
a la otra. Apoyar la bellaquería y el error sobre toda la tierra207.
El derecho a la insumisión
Sin perjuicio de sentirse un demócrata rodeado por lo que llamaba
monócratas, Jefferson ganó su reelección
a la presidencia con una ventaja sobre el otro candidato jamás
igualada. Estadista, científico y hombre de frontera en una sola
pieza, fue económicamente un fisiócrata que concebía
el comercio como servidor de la agricultura. Le espantaba
una mecanización que sustituye el trabajo rural por insalubres
bancos de taller, y puso sus esperanzas en que el nuevo país evitase
la conflictividad unida al crecimiento de una población proletaria,
privada por igual de propiedades y arraigo208.
Obstaculizó casi por sistema a su colega Hamilton, portavoz de
los intereses industriales y financieros, y aunque iba a inaugurar la
inversión estatal en obras públicas miró siempre
con desconfianza el big business, a su juicio aliado por naturaleza
del monopolio y los privilegios.
Nada le preocupaba tanto, sin embargo, como que la nación pudiera
verse llevada a recaídas en el despotismo, por molicie o debido
a intromisiones gubernamentales, y merece recuerdo su reacción
a la Shay rebellion (1787), una revuelta campesina que estalla
en Massachussets mientras él es embajador en Francia:
¿Puede la historia mostrar un caso de rebelión
tan honorablemente conducida? Sus motivos se basaban en la ignorancia,
no en la maldad, y Dios nos libre de estar alguna vez veinte años
sin una rebelión semejante [
] ¿Qué país
podrá preservar sus libertades si sus gobernantes no son advertidos
de cuando en cuando de que el pueblo conserva su espíritu de
resistencia? Dejad que cojan las armas209.
El remedio es explicarles los hechos correctamente, perdonar y pacificarles.
¿Qué significan unas pocas vidas perdidas en un siglo
o dos? El árbol de la libertad debe ser refrescado de cuando
en cuando con la sangre de patriotas y tiranos. Es su abono natural210.
La mayoría del pueblo norteamericano quiso la libertad civil en
y por sí misma, y debe alimentar ese espíritu de insumisión
militante aunque la naturaleza nos haya dado el encono para la defensa
y sólo para la defensa211.
En lugar de los enemigos tradicionales -el infiel, el extranjero, la impía
riqueza- debe defenderse precisamente de la nostalgia y el vértigo,
que abonan volver a la desigualdad jurídica y la uniformización
mental. Democracia es sinónimo de que el ser humano empiece
a afirmar su grandeza y a reivindicar su honor212,
y si el ciudadano no lo defiende con insobornable rebeldía practicará
la idiotez ya denunciada por Pericles, tierra fértil a su vez para
brotes de redención apocalíptica o simple restauración
absolutista.
El consejo de Jefferson a su país preferir los azares de
la libertad a las seguridades de la servidumbre- inaugura allí
un tranquilo progreso. En países ni nuevos ni ilimitados los azares
de la libertad imponen una revolución seminterminable, como la
francesa y el resto de las continentales, que ilustra las complejidades
del cambio en otras circunstancias. Madison y Monroe, los Presidentes
jeffersonianos, completan el diseño jurídico de algo que
la pluma de aquél iniciara declarando a la mente completamente
refractaria a la constricción213.
Sin embargo, analizar el entramado emocional e institucional del liberalismo
incumbe a un profesor y vista de aduanas inglés, que venera personalmente
la agricultura sin dejar de constatar su decadencia.
3. La libertad como armonía
Amigo íntimo y albacea de Hume, Adam Smith (1723-1790) no rehuyó
las conclusiones generales definitivas ni el deductivismo, como su mentor,
y tuvo siempre una vida desahogada214.
Su capacidad para concentrarse en razonamientos de gran amplitud sólo
era comparable a un don para encontrar ejemplos, dotes ambas que usó
para exponer el obvio y sencillo principio de la libertad natural
como motor simultáneo de los moral sentiments y la lógica
económica. Ese principio estaba en el aire215,
por no decir que ampliamente perfilado por Hume, pero adquiere una contundencia
singular expuesto en dos fases; primero mostrando cómo crea emulación
social a partir de la sympathy y el afán de approbation,
y luego cómo suscita competencia económica y riqueza-
a partir del interés material216.
El primer paso lo cumple su Teoría de los sentimientos morales
(1759), un tratado de antropología social donde deduce las virtudes
humanas de una espontaneidad simpática, cuyo resultado es un amor
por lo honorable idéntico en la práctica al autocontrol.
El optimismo de la Ilustración philosophe es romántico
y dirigista, el suyo proviene de percibir la inteligencia comprimida en
algunas instituciones, y tiene propuestas más sutiles que cambiar
todas o gran parte de las costumbres. Por fortuna, lo antipático
no sólo se opone a la buenas maneras sino a la percepción,
pues la naturaleza parece haber querido que las emociones más
rudas y escasamente amables, aquellas que apartan a las personas unas
de otras, sean de comunicación menos fácil217.
Rudo y antipático en extremo sería suponer que el Estado
puede estimular la virtud con castigos, cuando la coacción legítima
se limita a asegurar lo justo frente a la violencia y el fraude218.
La segunda parte del proyecto su Investigación sobre la
naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (1776)- aparece
el mismo año que la Declaración de Independencia y desarrolla
también ideas de Hume, pero revoluciona el tratamiento de la economía
política. Su influencia se ha comparado con la del Nuevo Testamento,
ya que reúne lo escindido por éste -la benevolencia y el
beneficio- con una filosofía de la vida basada en autodominio y
confianza. Antes de Smith era un tópico prácticamente universal
que la ganancia de unos se construía sobre la pérdida de
otros, y desde él deja de ser necesario que los demás
pierdan para que nosotros ganemos219.
Si se prefiere:
Hasta entonces la persona dedicada a enriquecerse había
sido objeto de duda y desconfianza [...] Ahora se convertía en
benefactora pública al cultivar su propio interés. Nunca
se había prestado semejante servicio a la inclinación
personal220.
El proceso autoorganizador
La tara de sociedades donde la libertad responsable no se reconoce como
bien común supremo consiste en que mejorar de estado
difícilmente pueda hacerse sin incurrir en violencia o fraude.
Lejos de ser casual, semejante desgracia refleja el hecho de que en ellas
el interés del productor desborde el del consumidor,
y sus soberanos consideren el Estado como algo hecho para ellos,
no al revés221.
Con mercados competitivos y libertad jurídica, en cambio, llevar
a un Estado desde el mínimo grado de barbarie hasta la máxima
opulencia pide en realidad bien poco: paz, impuestos cómodos y
una tolerable administración judicial; el resto vendrá por
sí solo, debido al curso espontáneo de las cosas222.
Esto es puro Mandeville, pero la Fábula encargaba a la
diestra gestión de un político habilidoso aquello
para el Wealth of Nations depende sólo de ilegalizar cualquier
control sobre las ofertas, asegurando así la competencia.
La política de monopolio es una política de tenderos.
La única ventaja que procura a cierto tipo de personas se torna,
por conductos muy distintos, en perjuicio para los intereses generales
del país223.
Por otra parte, la inversión del Estado en servicios públicos
crece cuando en vez de asegurar el privilegio obra como servidor del pueblo.
Le siguen incumbiendo aquellas obras que los empresarios no acometan por
ser o parecer poco rentables, pero al aligerarse de gastos destinados
a la gloria del poder soberano sus ingresos pueden atender a más
utilidades comunes. Junto a caminos, canales y puertos, policía,
administración y servicio exterior, que sencillamente deben corresponder
en calidad al estado de la renta nacional, una sociedad grande y
abierta está obligada a combatir los focos de miseria por
caminos imparciales y eficaces. Directamente, ofreciendo educación
gratuita a quienes no puedan pagársela, e indirectamente estimulando
el ingenio con una legislación sobre propiedad industrial e intelectual.
Fines no pretendidos
Smith argumenta que bajo protección la renta absoluta
de una empresa será siempre inferior a la que ofrecería
en régimen competitivo. Las políticas tutelares parten de
algo tan insensato para una nación como para un individuo:
hacer aquello que puede comprarse más barato y ya hecho224,
y pagan esa insensatez con guerras comerciales donde todos pierden. El
sastre no hace zapatos aunque los necesite, el zapatero tampoco hace ropa
aunque la necesite igualmente, y el Estado que ignore este principio producirá
bienes más costosos e imperfectos, condenándose al atraso
y la miseria en nombre de una autarquía siempre imaginaria. Mutatis
mutandis, todo productor dispone de alguna ventaja singular,
que prudentemente optimizada abrirá camino a otra y otras si no
topa con restricciones al intercambio. Conocido más adelante como
teorema de los costes comparados, este argumento empieza convenciendo
a los redactores de la Constitución norteamericana (1787), que
acuerdan abolir cualquier tipo de peaje o arancel interno.
Por otra parte, el comercio es un juego cuyos actores aspiran no sólo
a lucrarse con cada compraventa, sino a prevalecer sobre otros en términos
de oferta. Su profesión desembocaría a fin de cuentas en
una actividad no lúdica, como la misional o la militar, de no ser
porque sin reglas de fair play nadie podría ni retener tranquilamente
lo ganado ni aspirar a ganarlo. Como dichas reglas las tres leyes
fundamentales de la justicia formuladas por Hume- no pueden suspenderse
sin fulminar la propia actividad mercantil, el hecho de que todos los
traficantes aspiren a evitar la existencia de competidores
se reduce a mera aspiración, estimulando más bien una rivalidad
que favorece al consumidor en general. Aparte de evitar el agravio comparativo
que conllevan los monopolios, las subvenciones y otras medidas proteccionistas,
el librecambio funda un orden no sólo consciente sino inconsciente,
que operando por continuas adaptaciones al medio puede ser eficaz en una
medida cualitativamente superior:
Ninguno se propone normalmente promover el interés público,
ni sabe hasta qué punto lo promueve [
] sólo piensa
en su ganancia propia. Pero en este, como en muchos otros casos, una
mano invisible le lleva a promover un fin que no entraba en sus intenciones.
Por lo demás, no implica mal alguno para la sociedad que tal
fin sea extraño al propósito, pues al perseguir su propio
interés promueve el de la sociedad de una manera más efectiva
que si esto entrara en sus designios.
Quien intentase dirigir a los particulares respecto a cómo emplear
sus respectivos capitales tomaría su cargo una empresa imposible,
y se arrogaría una autoridad que no puede confiarse prudentemente
ni a una sola persona ni a un senado o consejo; y nunca sería
más peligroso este empeño que en manos de una persona
lo bastante presuntuosa e insensata como para creerse capaz de cumplirlo225.
Smith no vuelve a mencionar la mano invisible, sin duda porque le parece
una metáfora entre innumerables otras sobre el efecto objetivo
de la libertad. El interés es precisamente inter est, un
entre para individuos en otro caso cerrados sobre sí,
que cuando cambian el paternalismo por el derecho fundan sociedades inclinadas
mayoritariamente a vivir y dejar vivir. Allí todos los hombres
se convierten de algún modo en comerciantes, colaborando
con aquella sempiterna propensión de la naturaleza humana
a permutar, cambiar y negociar una cosa por otra226.
Su instrumento son los mercados, cuyo volumen depende directamente de
un invento ajeno a la sabiduría previsora humana como
la división del trabajo, gracias al cual se imparte destreza
y ahorra mucho tiempo227.
Por caminos indirectos pero infalibles, la especialización produce
diferencias de aptitud más decisivas que las naturales, pues generan
utilidad mutua228.
Lo insuperable es en cualquier caso el trabajo, y la aptitud y sensatez
con que esa actividad se realiza normalmente. La proporción
de empleados y desempleados constituye un indicador de renta menos infalible,
pues en sociedades emprendedoras buena parte de la población
no labora, y a pesar de ello se halla abundantemente provista229.
Tan destacable como eso es que el interés del productor, hegemónico
hasta entonces, aquí sólo deba atenderse en cuanto
sea necesario para promover el del consumidor. Todos trabajan para
que la pasión del trueque vaya pudiéndose satisfacer en
máxima medida, y al hacerlo alumbran un medio donde el temor
al acaparamiento y a la especulación resulta tan infundado como
el que se tiene a la brujería230.
La paradoja del valor
Que sea de necio confundir valor y precio, como alega el refrán,
lo argumenta Smith con una distinción entre precio real
y nominal que incluye hacer frente a tres cuestiones: 1) en
qué consiste el valor, 2) cuáles son los distintos
componentes del precio y 3) por qué discrepan a veces
el real y el de mercado231.
Lo primero se resuelve definiendo el trabajo como medida del
valor, y lo segundo con un análisis que descompone el precio en
salario, beneficio y renta [de la tierra]. La discrepancia
entre precio real y nominal última incógnita- nace
de un desfase entre ofertas y demandas, producido y resuelto por el mercado
mismo.
Cuando cierto bien lo solicitan más compradores de los previstos
o posibles esa circunstancia les lleva a competir para adquirirlo, y pasan
a pagar más de lo que exige cubrir los salarios, el beneficio y
la renta. Sin embargo, el propio incremento en el flujo de pagos no puede
sino atraer inversión a dicho sector, que al multiplicar la oferta
corrige el alza. El mismo movimiento induce la baja cuando hay oferta
excesiva, y reacondiciona el suministro hasta devolver su precio real
al bien. No hay, pues, un justiprecio que permita fijar el valor de cosa
alguna, pero sí uno acorde con la tasa común de costes manufactureros,
que es el precio central hacia el que gravitan los de todas las
mercancías232.
Lo novedoso con respecto a ese precio central o natural es que los ajustes
se verifiquen por fluctuaciones, como pasan el verano al otoño
o el invierno a la primavera, con cambios no tanto graduales como fruto
de un oscilar que se interna en la nueva estación volviendo sobre
la anterior durante días y semanas, y al mismo tiempo abrevia esos
retrocesos. Frente al reloj y mecanismos análogos, que operan con
perfecta indiferencia hacia el medio, los mercados procesan modificaciones
en un horizonte que ellos mismos transforman en secuencia de producción-consumo.
La infinitud que tocan les impone andar a tientas, identificando los valores
con las señales que proporcionan precios momentáneos.
Sería desde luego más sencillo un Edicto sobre Precios,
como el de Diocleciano, pero la realidad ha acabado en un juego que Smith
considera capaz de funcionar satisfactoriamente si no es acosado en demasía
por monopolios, conflictos laborales y una información imperfecta
cuando no nula. Que los mercados crezcan hasta adquirir vida propia viene
de algo tan ingobernable como la división del trabajo, que a cambio
de aptitud y sensatez en el oficio manda evitar a toda costa
el estancamiento, ese permanente aunque incómodo refugio para pueblos
con algún Guía. Renunciando al voluntarismo, la nueva sociedad
se asegura que el trabajo sea voluntario, siquiera sea por lógica
económica:
En las manufacturas operadas por esclavos se emplea por lo general
más trabajo, para conseguir la misma cantidad de obra. [
]
Como observa Montesquieu, aunque en regiones contiguas las minas de
Hungría [explotadas por hombres libres] no son más ricas
que las de Turquía [explotadas por esclavos], las primeras se
han trabajado siempre a menos costo y, por tanto, con más utilidades233.
Al imponerse el método de los Principia (1687) de Newton,
Smith descarta hipótesis no basadas en la observación para
atenerse sólo a lo empírico234.
Pero es difícil romper con el a priori sin excepciones, como se
observa ya en Newton, y un deductivismo soterrado explica que su teoría
del valor sea una teoría del coste de producción235.
Esa pauta sugirió a Ricardo y Marx medirlo por horas de trabajo,
y sólo a finales del XIX brillaría lo empírico del
caso: que el valor se fragua en la utilidad de cada bien para cada adquirente.
Un arado vale mucho para el que sólo tiene otro; un tercer y cuarto
arado van valiendo bruscamente menos -aunque sigan costando lo mismo-,
y pocas unidades adicionales dejarán de valer en absoluto.
El hecho objetivo de la producción no descarta una subjetividad
en la demanda, aunque pedirle a Smith que contase con esa complejidad
añadida sería como pedirle a Aristóteles que intuyera
también la astronomía heliocéntrica. Varias generaciones
de whigs ingleses continentales tanto como coloniales- defendieron
la propiedad como application of labour, un supuesto que consciente
o inconscientemente inclina a igualar precio y coste. Plantearse la mediación
del valor/trabajo por el valor/servicio erosionaba el principio meritocrático
introduciendo variables caóticas en el proceso, y antes de prestar
atención a un factor tan veleidoso para los precios Smith prefirió
exaltar la santidad del labour.
Presente y futuro
Fuera de ese punto, y de algún a priori que Hume encuentra en su
teoría de la renta, el Wealth of Nations analiza con empirismo
no sólo la grandeza sino los riesgos y mezquindades de la sociedad
grande y abierta. Una primera lectura nos deja con su explicación
de por qué en algunos países las comodidades de un
príncipe no exceden tanto las de un campesino económico
y trabajador como las de éste superan las de muchos reyes de África236.
Una segunda lectura subraya cierta sociedad fantásticamente próspera
aunque mediocre, donde brillan novedades indeseables:
Con los progresos en la división del trabajo, la ocupación
de la mayor parte de las personas que viven de él -la gran masa
del pueblo- se reduce a muy pocas y sencillas operaciones [
] Esto
entorpece la actividad del cuerpo, e incapacita para ejercitar las fuerzas
con vigor y perseverancia [
] El individuo ha adquirido destreza
para su propio arte particular, pero según parece a expensas
de sus virtudes intelectuales, sociales y morales. Aún en las
sociedades civilizadas y progresivas éste es el nivel al que
necesariamente decae el trabajador pobre, o sea la gran masa del pueblo,
a no ser que el Gobierno se tome la molestia de evitarlo237.
Por una parte, la recompensa real del salario ha aumentado en este
siglo quizá en mayor proporción que el precio del dinero
[
] merced sobre todo a objetos más útiles y cómodos238.
Por otra, el Gobierno debe evitar que se propaguen la cobardía,
la ignorancia desmesurada y la idiotez239.
La mano invisible no exime a nadie de usar las propias, cuidando de no
sobreestimar la ganancia ni infraestimar la pérdida, y el hecho
de que la libertad funcione mejor que los planes del jerarca más
sabio sólo traza una línea de salida. Así como el
bien común exige rechazar todas las regulaciones por opresivas240,
asalariados y empleadores traman sin pausa modos de elevar fraudulentamente
los precios, saboteando aquella prosperidad de la cual viven241.
Las asociaciones de patronos son bendecidas por la ley y las de operarios
son perseguidas, aunque una vez salvada esa iniquidad seguirá siendo
crucial no permitir que el consumo resulte avasallado por ningún
estamento:
En rigor, es imposible impedir esas reuniones [de patronos y
de obreros] mediante una ley viable, que sea compatible con la libertad
y la justicia. Pero si la ley no puede impedir que gentes de la misma
profesión se reúnan algunas veces, nada debe hacer para
facilitarlas y menos aún para hacerlas necesarias242.
Los precursores de la revolución comercial luchaban contra los
peajes, y sus descendientes se aplican a reinventarlos. La exigencia de
libertad para sí y sujeción para el resto, libreto de todas
las tiranías gremiales, se realimenta con un trasvase de funcionarios
y empresarios coincidente con la aparición de corporaciones mercantiles
insólitamente grandes, que seguirán poniendo a prueba el
sistema competitivo en política y economía. Pero las panaceas
sólo confortan a temperamentos doctrinarios, y la sociedad comercial
no necesita a los incondicionales para haber llegado a la existencia. La
virtud cívica seguirá siendo tan necesaria allí como
en cualquier república, porque sus progresos en población,
renta y empleo son tan relativos como todo lo demás. De hecho,
con la eclosión de artes, ciencias y fábricas llega un tipo
explosivo de desigualdad, y los dueños de propiedades valiosas
sólo duermen tranquilos gracias al brazo poderoso de la magistratura.
Mucho más precaria es la situación del propietario en otros
países europeos. De hecho, nunca habían sido remotamente
tan educados los hombres como a finales del XVIII; pero están al
borde de una guerra civil tan crónica como no pretendida, que se
gesta en una concatenación inextricable de eventos. En el Mahabarata,
cuando el arquero Arjuna punta su flecha hacia el otro ejército
queda paralizado al ver allí a familiares, amigos y maestros, hasta
que Khrisna le aclara: jamás desentrañarás la maraña
de causas que te llevaron a este momento de tensar el arco contra seres
venerados. Atribúyelo al insondable juego de los dioses, y haz
lo que te incumbe como guerrero glorioso; bien sabes que tú y todos
los demás estáis muertos ya hace tiempo.
Antonio Escohotado
Julio, 2007
NOTAS
175
Spinoza 1965 (1665), p. 334.
176
Hayek 1995, p. 275.
177
Smith 1997, p. 418.
178
¿Podría un patriota honesto abandonar un experimento
en el apogeo de su éxito [
] por temor a que este gobierno
pudiera carecer de energía para preservarse? Confío en
que no. Al contrario, considero que éste es el gobierno más
fuerte de la tierra, el único donde cada hombre, ante el llamamiento
de las leyes, haría frente a invasiones del orden público
como si se tratase de su propio asunto particular; Jefferson 1987,
p. 333-334.
179
Ibíd p. 334-335. A esto añade justicia igual y exacta
para todos, [
] difusión de información y denuncia
de todos los abusos ante el estrado de la razón pública;
libertad de religión; libertad de prensa; libertad de la persona
180
Spinoza 1965, p. 21. Quince años antes el Leviatán
había afirmado que el único modo de erigir un poder
común [
] es conferir todo poder y fuerza a un solo hombre;
Hobbes 1979, p. 266-267.
181
Ibíd, p. 329.
182
Ibíd, p. 331.
183
Spinoza 1677, en Banfi (Porto-Bompiani 1959, vol. X, p. 289).
184
La Restauración, que sigue a muerte de Cromwell y se prolonga
hasta la monarquía constitucional inaugurada por el holandés
Guillermo III, es un periodo donde el comercio y la riqueza del
país crecieron como nunca antes (Hume 1983, vol. VI, p.
537).
185
Locke menciona en el Prefacio que perdió más de
la mitad del manuscrito original -donde quizá abordaba
el asunto-, aunque parece hacer caso omiso del desarrollo histórico
por razones de simplicidad.
186
II, 7, 87.
187
Leviatán 1979, p. 399.
188
II, 9, 95.
189
II, 19, 243.
190
II, 5, 47.
191
Hume 1988, p. 663.
192
Ibíd, p. 666.
193
Ibíd, p. 722.
194
Hume 1983, vol. VI p. 531.
195
Hume 1988, p. 725 y 662.
196
Es difícil encontrar a una persona que ame a otra más
que a sí misma, pero no menos difícil encontrar a alguien
en quien la suma de los afectos benévolos no supere al egoísmo
(Hume 1988, p. 655).
197
Hume 1988, p. 737.
198
Ibíd, p. 665.
199
La ley no admite otra excepción a su letra que la equidad, sinónimo
de la adaptación que el juez está obligado a hacer del
precepto a cada caso particular.
200
Ibid, p. 719.
201
Del griego syn (unidad) y pathos (pasión),
que equivale a ponerse en el lugar del otro.
202
Ibid, p. 818.
203
Han pasado entonces casi tres décadas desde que redactara la
Declaración de Independencia, durante las cuales ha sido gobernador
de Virginia, embajador en Francia (1785-1789), ministro de Exteriores
con Washington y vicepresidente con Adams. La Constitución americana
se redacta y aprueba mientras está en Francia, pero sus hombres
de confianza Madison y Monroe, posteriores Presidentes- le representan
a todos los efectos.
204
Discurso inaugural de 4/3/1801; cf. Jefferson 1987, p. 330-331.
205
Notas sobre Virginia (1781); cf. Jefferson 1987, p. 281. Mucho
más adelante añade: Entiendo por libertad la acción
no obstaculizada y acorde con nuestra voluntad, dentro de los límites
fijados por el derecho idéntico de otros. No digo dentro
de los límites fijados por la ley porque la ley es siempre
tiránica cuando se inmiscuye en los derechos del individuo
(carta a I.H. Tiffany, 4/4/1819).
206
Jefferson 1987, p. 282. Esto es llamativamente poco acorde con el posterior
giro de su país hacia cruzadas higienistas y guerras oficiales
contra alcohol, tabaco y otras drogas. En el mismo párrafo ha
dicho que si el gobierno debiera prescribir nuestras medicinas
y nuestra dieta, nuestro cuerpos se encontrarían en el estado
en el que se hallan ahora las almas [adeptas al absolutismo].
207
Ibíd, p. 283.
208
Hijo de uno de los mayores terratenientes del país, murió
arruinado por no poder prestar la debida atención a sus plantaciones,
y negarse a percibir un céntimo de dinero público mientras
fue vicepresidente y durante sus dos presidencias.
209
Los rebeldes se habían apoderado de un arsenal federal.
210
Jefferson 1987, p. 460-461. Regar con sangre el árbol de
la libertad llevaba impreso en la camiseta el terrorista McVeigh,
que en 1995 voló un edificio público de Oklahoma.
211
Smith 1997, p. 174.
212
Arendt 1990, p. 51.
213
Jefferson (1779) 1987, p. 321.
214
Hume fue un hidalgo muy corto de patrimonio que decidió vivir
en la más extrema humildad para poder dedicarse incompartidamente
a mejorar su capacidad en el campo de las letras. El próspero
Smith vivió toda la vida con su madre, no conoció mujer
en sentido bíblico y alternó una cátedra primero
de Lógica y luego de Filosofía Moral en Glasgow (negadas
previamente a Hume)- con un cargo en Aduanas que ya ocupara su padre.
La soltura teórica de ambos les ha hecho pasar al recuerdo como
creadores, aunque tuvieron en común también una vocación
de eruditos infatigables para empezar, impuestos en todo el saber
grecorromano-, y Schumpeter recuerda que la estatura intelectual
de Smith no acaba de medirse sin leer textos poco conocidos como su
Historia de la astronomía y su Disertación sobre
el origen de las lenguas.
215
Ya en 1675 el jansenista francés Pierre Nicole, por ejemplo,
uno de los autores que Smith estudió de adolescente, decía
en sus Ensayos de Moral que el comercio satisface las necesidades
de la vida sin recurrir a la caridad (cf. Siegel 1972, p. 278).
Luego llegaría la influencia de Mandeville y la de su predecesor
en el College de Glasgow, el presbiteriano Hutcheson, uno abogando por
el desenmascaramiento de la farsa rigorista y otro viendo en la human
benevolence el sello del Creador en sus criaturas.
216
Las ventajas y desventajas tienden a compensarse donde existe
libertad absoluta, aunque una libertad perfecta no existe;
Smith 1982, p. 97.
217
Smith 1997, p. 99.
218
Es totalmente correcto y cuenta con la aprobación de todos
el empleo de la fuerza para cumplir con las reglas de la justicia, pero
no para seguir los preceptos de las demás virtudes; Smith
1997, p. 176.
219
Rodríguez Braun 1997, p. 26.
220
Galbraith 1998, p. 78.
221
Smith 1982, p. 419.
222
Así lo afirma ya un borrador de Smith escrito en 1755; cf. Spiegel
1973, p. 278.
223
Smith 1982, p. 546.
224
Ibíd, p. 403.
225
Ibid, p. 402.
226
Ibíd, p. 16.
227
Ibid, p. 14.
228
Ibíd, p.17-18.
229
La proporción de no empleados pasa a ser una variable de gran
peso cuando como sucede tan a menudo en Asia, África e
Iberoamérica- sólo trabajan las mujeres, adoptando los
varones una existencia de zánganos. En zonas islámicas
sucede justamente lo inverso; sólo puede emplearse el varón,
pues la costumbre de vender a las hijas -y venderlas vírgenes-
impone una reclusión doméstica del otro sexo.
230
Ibíd, p. 473-4.
231
Ibíd, p. 30.
232
Ibíd, p. 56-57.
233
Ibíd, p. 610.
234
El método newtoniano consiste en pasar de los fenómenos
a [inferir las correspondientes] fuerzas de la Naturaleza, y luego demostrar
los otros fenómenos a partir de esas fuerzas (Newton 1987,
p. 6).
235
Schumpeter 1995, p. 359.
236
Smith 1982, p.15. Ya en su Teoría de los sentimientos morales
presentaba la Inglaterra del momento como un espacio donde por cada
persona doliente y mísera pululan una veintena de sujetos alegres
y prósperos.
237
Ibíd, p. 687-8.
238
Ibíd, p. 76.
239
Ibid, p. 692
240
Ibíd, p. 118.
241
Rara vez suelen juntarse gentes ocupadas en la misma profesión
u oficio -incluso cuando lo hacen sólo para distraerse o divertirse-
sin que la charla gire en torno a alguna conspiración contra
el público o alguna maquinación para elevar los precios.
242
Ibíd, p. 125.
©
Copyfreedom Antonio Escohotado 2007
LOS ENEMIGOS DEL COMERCIO
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