LOS ENEMIGOS DEL COMERCIO

 

 

IV. LA NACIÓN SIN SEDE, Y SU TIERRA PROMETIDA

“Alguien luchó con él toda la noche, tratando de derribarle […]
-Suéltame, porque llega el amanecer –dijo entonces.
-No te soltaré hasta que me hayas bendecido.
-¿Cómo te llamas?
-Jacob.
-Ya no te llamarán Jacob sino Israel, porque has sido fuerte contra Dios, y prevalecerás sobre los hombres”1.

Ningún pueblo antiguo ha dado tantas muestras de reserva ante la esclavitud como el judío. Entre compatriotas estaba prohibido que durase más de seis años, y al cumplirse el séptimo el siervo no sólo debía ser emancipado sino provisto de medios para reiniciar una vida libre digna2. Tampoco era admisible denunciar al fugado, o molestarle de cualquier otra manera. Herir –y a esos efectos “la pérdida de un diente”- acarrea emancipación automática,3 mientras matar acarrea “castigo”4. Pertenecen a ese mismo espíritu otras medidas de liberalidad, como que los propietarios cederán tierras un año de cada siete a los faltos de ellas, o que “cada siete veces siete” (49 años) se condonarán las deudas y volverán a sus antiguos propietarios casas y tierras enajenadas5.

Con los foráneos no son aplicables tales miramientos. También lícito lucrarse en los tratos con ellos, e ilícito hacer lo mismo con el israelita:

“No prestarás con interés a tu hermano, trátese de dinero, víveres o lo que sea. Podrás cobrar interés al extranjero, pero prestarás sin interés a tu hermano, para que tu Dios te bendiga por todas tus ofrendas, en el país donde entrarás para tomar posesión”6.

Limitar radicalmente la esclavitud y prohibir el cobro de intereses son medidas de autodefensa, que al discriminar entre nosotros y ellos (los “gentiles”) buscan apuntalar una fraternidad7. Así lo manda el Libro: “No explotarás ni expoliarás a tu prójimo: el salario del trabajador no lo retendrás hasta la mañana siguiente […] En lo que respecta a los hijos de tu pueblo, no te vengarás de ellos ni les guardarás rencor. Amarás a tu prójimo como a ti mismo”8.

Por otra parte, la altura de miras es realista en un medio doméstico, pero la estirpe de Abraham crece demasiado para poder convivir en términos familiares, y mientras unos judíos se hacen típicamente amigos del comercio otros producirán una teoría de su ilicitud ética. La fragilidad política del grupo brilla en que sólo logra ser una organización estatal sin disensiones hacia el XI a.C., con David y su hijo Salomón. Los reyes ulteriores jalonan la crisis interna de semejante nosotros, cuyo reflejo externo es una debilidad que acaba induciendo la conquista del reino por Nabucodonosor (586 a.C.), momento desde el cual el país irá pasando de un protectorado a otro. Al dominio de los caldeos sigue el de los persas, a éste el griego –a través de los Ptolomeos egipcios primero, luego a través de los Seleucos sirios- y por último el romano. Entre los reinos helenísticos y la conquista de Roma el territorio llamado entonces Palestina recobra su independencia durante una centuria, no como monarquía sino como gobierno de pontífices (“teocracia”).

El periodo teocrático coincide con una reacción ante la idea de una Jerusalem organizada como polis –con constitución, poderes separados, etc.-, que parece apostasía y suscita santa indignación. En las luchas que siguen al fin del gobierno de Siria algunos hijos de gentiles son circuncidados a la fuerza, y los judíos partidarios de formas republicanas son pasados a cuchillo. De esa guerra civil emergen como principales derrotados los integristas esenios, un movimiento que desarrolla el principio de hermandad con un comunismo muy distinto del aristocrático-militar representado por Esparta y Platón. Pero nada entendemos de la secta esenia ni de su heredera -la más influyente aún de los “hombres pobres” o ebionim- sin atender a otras circunstancias.


1. Una lógica mesiánica
Tras la breve aventura monoteísta del faraón Amenofis IV (1379-1363 a.C.), Moisés adapta su idea del Sol como deidad suprema a un ser único, invisible, todopoderoso y de disposición belicosa9, cuyo nombre –impronunciable sin desacato- se transcribe con las siglas YHWH10. La insignificancia de Israel en un entorno dominado por Egipto y otros imperios parece relativizar la sumisión de todo a su omnipotencia. Pero ese desmentido de los hechos se supera anunciando la venida de un salvador/vengador –el mesías-, que sustituirá la muerte por una vida eterna de dicha o castigo11.

A medida que ese emisario mesiánico asume no sólo el conflicto externo sino el interno la espera de su Venida se hace ansiosa y se adapta a contratiempos, previéndose una Segunda Venida para el caso de que sea condenado a muerte y parezca vencido12. Los profetas, depositarios de dicha doctrina, son futurólogos que prestan contenido a la idea del Omnipotente con la relación entre un Dios celoso y su grey adúltera: “La fiel Jerusalem se ha hecho prostituta”13. Adulterio y apostasía son la misma cosa. Desconfiando de la urbanidad como el beduino de los recintos, la Profecía alterna amenaza y arrullo, anuncios de ruina y garantías de abundancia. El vidente más antiguo subraya ya que bendiciones y maldiciones provienen de un lazo marital:

“Oráculo de YVWH: De entre todas las familias de la Tierra sólo he cohabitado con vosotros”.14

YHVW es un infinito fundido con exclusividad, afectado por predilecciones. Su naturaleza resulta incorpórea y dueña del acontecer en general, pero alberga un corazón enamorado que exige correspondencia, o en otro caso obrará con la crueldad del despecho. Osada en términos lógicos, la construcción colma al predilecto de autoestima, al tiempo que le aísla:

“No harás alianza con otros, ni les otorgarás concesiones. No te casarás con otras mujeres, ni darás tu hija a sus hijos, ni tomarás su hija para tu hijo. Porque tu hijo se desviaría de mi senda, serviría a otros dioses, y mi cólera prendería contra vosotros y os exterminaría al punto. Pero he aquí cómo debéis comportaros con respecto a ellos: demoleréis sus altares, romperéis sus estelas, cortareis sus baldaquinos sagrados y quemareis sus ídolos”.15


La xenofobia sin paliativos declina cuando ha habido tiempo para fundar la monarquía anhelada, y verla decaer hasta extinguirse. Queda incluso en el recuerdo un rey próspero e inteligente, Salomón, que contrajo matrimonios con princesas extranjeras, les permitió seguir oficiando ritos paganos en su reino y empezó a llamar “sabio” a YHWH, dejando de llamarle “guerrero”. Medio milenio después, el favoritismo xenófobo no sólo es incompatible con Salomón sino con la Diáspora, un fenómeno que exige mantener buenas relaciones con cada anfitrión nacional. Los judíos emigrados responden a esa exigencia con un cuadro de costumbres donde se combinan la fiabilidad, la discreción y el respeto.

 

El rival de la profecía
La Diáspora empieza con los cautivos de Babilonia (586 a.C.), y más precisamente cuando buena parte de ellos no sólo decide quedarse pudiendo regresar, sino que aprovecha el contacto con la civilización caldea y la fenicia16 para descubrir el comercio y moverse por toda la cuenca mediterránea, donde pronto sus mercaderes y prestamistas son difíciles de distinguir del cartaginés.

Conocer otros entornos recalca hasta qué punto su Tierra Prometida no es el amable lugar surcado por arroyos de leche y miel sino un foco de subdesarrollo, cuya grandeza sólo podrá reconstruirse sobre bases más afines al realismo. A mediados del siglo V a.C. la actitud reformista es defendida por Nehemías y Esdras, sacerdotes que representan al judío babilónico y reescriben la Ley o Torá17. Uno de sus resultados es descartar la videncia profética como verdad revelada., entendiendo que tras tantas generaciones de anunciar lo inminente del rey-mesías la autoestima del judío y su cumplimiento del deber habrán de arreglárselas sin ayuda de portentos cósmicos. Las visiones apocalípticas ulteriores a Malaquías dejan por eso de tener acceso al Libro, y YHWH lo certifica diciendo: “Recordad la Ley”18.

Pero relegar el mesianismo a superstición crónica del vulgo no mitiga ese foco de discordia y, al contrario, encona las siempre malas relaciones entre Profecía y Sabiduría19. Casi medio milenio más tarde Jesús reprocha a los fariseos “ser hijos de quienes asesinaron a los profetas”20, cuya ausencia “abruma al pueblo con fardos insoportables”21. Para entonces hay ya dos tipos delimitados de israelita: uno quiere desahogo y vivir en buenos términos con los demás pueblos, sin perjuicio de cumplir la Ley; el otro es endógamo y percibe “una estrecha relación entre las palabras ‘rico’, ‘violento’ y malvado’ por una parte, y ‘pobre’, ‘manso’ y ‘piadoso’ por otra”22. El segundo grupo -que tiene en común “anatemizar a los grandes”23- reprocha al primero “un pueblo despojado [...] donde no aparece un Mesías diciendo: ‘Devolved eso’”24. Tales hermanos están corrompidos por “haraganear sobre los divanes y el damasco de sus lechos”25.

A Amós, el primer futurólogo, corresponde también la expresión más contundente de protesta: “¡Malditos sean los gozadores que viven en paz!”26.

 

Milicias milenaristas
A comienzos del siglo I, cuando el territorio israelita se ha transformado en provincia romana, la pendencia entre unos y otros es al tiempo guerra civil e insurrección contra Roma. El Talmud de Palestina menciona 24 sectas “apóstatas”, que mezclan fe en YHVW con zoroastrismo, astrología, magia y proyectos de desquite contra quienes no preparen el Fin del Mundo. La indignación acaricia alguna variante de Guerra de los hijos de la luz contra los hijos de la oscuridad, una epopeya de salvación descubierta entre los rollos de Qumrán que combina mística con croquis de batalla21. Liberarse del yugo romano coincide de modo más o menos automático con “levantar a los pobres contra los ricos”28.

La figura del rey-mesías ha pasado entonces de esperanza a realidad. En Galilea, tierra natal de Jesús, cuando él acaba de nacer la muerte de Herodes el Grande coincide con el alzamiento del primer caudillo mesiánico, Judas Galileo. De allí son también su descendiente Eleazar Ben Jair –líder de la guerra que se prolonga del 66 al 73- y un tal Ezequías, antecesor de los ulteriores caudillos independentistas29. Exigiendo el gobierno exclusivo de YHWH, estos “hijos de la luz” -también llamados “filósofos”- forman ya en tiempos de los pontífices Macabeos (130 a.C.) las cofradías de celotes y sicarios o portadores de daga (sica), opuestas no sólo al extranjero sino a “renegados judíos que proponen pactar con los gentiles”30. Al principio verifican represalias selectivas, siguen con guerrillas y acaban formando ejércitos como el que derrota al legado consular Cayo Cestio y 35.000 legionarios31.

Los hechos subsiguientes harán que el integrismo sacrifique sus cuadros durante cinco generaciones32. En 135, cuando sus últimas tropas hayan sido desbaratadas, el edicto de Adriano equipara circuncisión con castración y prohíbe esa práctica junto con otras de la religión mosaica. El trato de favor que Roma dispensaba a las comunidades judías ha pasado a ser discriminación negativa27. Residuos de la Palestina fanática parecerían ligados a sus piedras, cuando en la actual cunde la misma avidez por matar y morir religiosamente, con expectativas de ir al Paraíso para quienes se hagan sicarios de Dios. Común a los actores del siglo I y el XXI es ser “gentes de un Libro”, en palabras de Mahoma.

Entretanto, la pureza racial y ritual ha dejado de ser un talismán. Desde las primeras sinagogas, en torno a 200 a.C., el sector de los llamados escribas admite como hermano al gentil que se circuncide, aprenda los deberes del fiel y obre rectamente algunos años. Es lo acorde con una comunidad ni cerrada sobre sí de modo excluyente ni volcada sobre la captación exterior de fieles, cuyo gusto por el término medio mantiene a raya el proselitismo. Pero en las inmediaciones del siglo I el milenarista alimenta una sed de reparación incompatible con límites a la propaganda. Sus sectas simplifican de modo drástico los trámites de incorporación a cada una, descubriendo al tiempo la perspectiva de regalar –e imponer- la fe verdadera, sencillamente por el bien del converso. A través de uno de sus profetas, YHWH había negado la pureza racial del judío afirmando: “eres del país de Canaán, tu padre amorreo y tu madre hitita”34. Ahora esta declaración confirma al movimiento Fin del Mundo en planes misionales que incluyen a todos, salvo precisamente al judío practicante. Potenciar el proselitismo es en la práctica otro modo de nutrir la discordia.

 

2. Dinámicas grupales
Estos cambios no alteran una Tierra Prometida que sigue viviendo básicamente de pastorear ovejas y cabras, y de remesas que mandan los expatriados. El Templo de Jerusalem –única fuente de ingresos propiamente dichos, gracias al impuesto anual y a ofrendas en dinero y especie- es desde tiempos inmemoriales una caja de depósitos, abierta no sólo a sus gestores sino a cualquier particular. Hacia el año 30, cuando ocurre la predicación de Juan Bautista y Jesús, un tercio de la población está compuesto por esclavos foráneos y un quinto por extranjeros libres. Judía de nacimiento y religión es aproximadamente la mitad35.

La lengua griega ha relegado el hebreo a lengua doméstica, y en griego está el texto más antiguo del Libro que es la Septuaginta o Biblia de los Setenta. El Talmud (“enseñanza”) se propone remediarlo volviendo a las raíces nacionales, aunque el medio ha contagiado tanto a sus redactores que no pueden evitar unas tres mil palabras de estirpe helénica. Siendo irreal pretender que los analfabetos abandonen el arameo, lengua común a toda Asia Menor, ellos deben esforzarse por lograr que algo sólo hablado –entre el servicio, los niños y las mujeres de cada buena familia- se convierta en el idioma escrito por todos los instruidos. Comprensiblemente, esta vuelta a lo más propio no puede limitarse al idioma y llega con una recreación separatista del mundo, para la cual no hay diferencia entre “el criador de cerdos y quien enseña a su hijo la ciencia griega”36. Tanto crimen hay en transigir con los valores de los gentiles como en producir el alimento inmundo para la Ley.

 

La hermandad exterior
No obstante, el judío ha florecido extramuros. La literatura grecorromana apenas le menciona -y siempre con desprecio- hasta Alejandro Magno, que reserva a su grupo un quinto de la recién fundada Alejandría. Desde entonces se multiplican referencias que le presentan como alguien audaz en sus empresas, controlado en las emociones y filosófico (en el sentido de estudiar por gusto), no menos que desconfiado y misantrópico. Piensa que la misma suerte espera al necio y al sabio, y –más aún- que “en la sede de la rectitud está el crimen, en la sede del justo el criminal” 37.

Como la identidad del expatriado no puede fundarse en peregrinar al Templo y ofrecerle un diezmo, ha sustituido esos signos de pertenencia por cumplir el descanso sabático y frecuentar su sinagoga. Allí le instruyen ciertos expertos en la Ley -los rabinos- que deben saber ganarse la vida con algún oficio distinto de la instrucción religiosa. Esto es algo sin paralelo en los anales del sacerdocio mundial38, y coincide con una pleamar de prosperidad. El Libro prohíbe los préstamos con interés entre judíos, por ejemplo, aunque ese modo tradicional de apoyarse unos a otros no resulta ya útil, y la tradición oral sobre deberes cotidianos –la Halakha (“camino recto”)- empieza admitiendo esos préstamos entre judíos egipcios, mientras no impliquen “explotar una indefensión”. Sus comunidades necesitan desarrollar el crédito para seguir creciendo.

Moisés prohibió cruzar linajes e incluso pactar con el gentil, pero ellos llevan siglos casándose con gentiles y contratando con ellos sin pausa. Deberían demoler los altares de cualquier otra religión, pero respetan con esmero las establecidas en cada punto de exilio y mantienen su identidad a despecho de vivir rodeados por idólatras, politeístas y ateos. Desde la primera Diáspora está implícita una combinación de lealtad y autonomía como la de Spinoza, que se declara judío aunque no creyente. El hecho de vivir en países distintos del propio, donde los nativos nada regalan, les estimula a descubrir modos de prestar servicios útiles a terceros y educar a su prole en eso mismo. La formación meritocrática resultante ayuda a entender la normalidad del buen rendimiento, y el ulterior peso en la historia mundial de un grupo numéricamente tan ínfimo. Como se ha dicho tantas veces, su dispersión externa coexiste con su cohesión interna.

El programa de aborrecer la “ciencia griega” no es, pues, una caridad hacia emigrantes desvalidos. La cultura helenística impregna a cuatro o cinco millones de judíos -un número superior al de los no expatriados-, que son a principios del siglo I el tercer pueblo del Imperio junto con romanos y griegos, “poderoso en todas partes sin que en ninguna ejerza su poder”39. Julio César lo ha reconocido de modo expreso, otorgando a sus empresarios exenciones fiscales y de reclutamiento. La Tierra Prometida, en cambio, es la provincia más pobre e insignificante de Roma, una Palestina cuyas subdivisiones administrativas -Judea, Cesarea, Galilea y Samaria- cubren territorios abrumadoramente aldeanos, donde ni siquiera Jerusalem alcanza el estatuto de una ciudad populosa y próspera40. Como los únicos centros civilizados son una treintena de ciudades costeras griegas, fuera de esos perímetros la pedagogía meritocrática evoca náusea y cólera entre los fieles al Fin del Mundo.

Cuando Galilea empieza a estallar en revueltas el hombre más rico del Mediterráneo es quizá Alejandro Lisímaco, concejal-recaudador (“curial”) de Alejandría y amigo del césar Claudio, que no contempla hacer carrera en el ejército o como terrateniente. Tanto valora la falta de raíces que evita pasar del comercio a la industria, porque fabricar le ataría a una sede mucho más que organizar el intercambio de bienes ya producidos. Su hermano Filón tampoco habla hebreo, pero funde judaísmo con platonismo41 y crea la teología presentando al Teos como logos o racionalidad. Sin dejar de ser un prócer eminente en la ciudad más rica y culta de su tiempo, admira a distancia las severas comunas fundadas por esenios en el desierto42. Si fechamos su nacimiento hacia el 15 a.C., como hacen algunos, rondaría la cincuentena cuando Herodes decapita a Juan Bautista. Algo más tarde, al estallar la primera revuelta en Jerusalem, el gobernador romano de Judea resulta ser uno de sus nietos, Tiberio Alejandro. Pero tanto él como algunos otros Lisímacos han renunciado al judaísmo.

 

Las hermandades interiores
En Palestina el Fin del Mundo y la derrota de Roma empiezan siendo fenómenos disociables, aunque el resultado de las guerras judías acaba identificando ese cataclismo con la derrota propia y la destrucción del Templo. Al margen de tal alternativa sólo hallamos en tiempos de Filón dos escuelas, que representan la reforma y la tradición respectivamente. La hermandad farisea –en origen de los escribas, luego pietistas- quiere ser rigurosamente fiel al espíritu judío, aunque importa la idea asiática del alma inmortal para justificar la fe en una “retribución” post-mortem. Admite al profeta insistiendo en advertir sobre los falsos profetas, y rechaza el racionalismo filosófico profesando un racionalismo práctico que rechaza toda suerte de magia.

Coincide en ello con la escuela saducea, si bien esta última no necesita creer en retribuciones de ultratumba. Los saduceos dicen que

“Dios ni hace mal ni tampoco lo ve. Dicen también que cada uno elige en función de su voluntad. Niegan que haya gloria o tormento para las almas de los muertos”43.

Las familias saduceas habían dado algún sumo sacerdote al Templo, y los fariseos eran profesionales inmersos en la competencia. Pero los saduceos eran un estamento anacrónico desde el fin de la teocracia, y el fariseísmo se perpetuaría fundando hogares donde “la juventud es educada con intensidad única en un estilo de vida sólidamente ordenado”44. Herreros, zapateros, curtidores, maestros de obras, vinateros, leñadores, aguadores y otros artesanos, la defensa de la virtud (“pureza”) que hacen no está reñida por principio con el goce sexual, el dinero o la ebriedad.

La nobleza judía añoraba la teocracia, y el hecho de que los fariseos prefiriesen seguir siendo provincia romana a padecer dictadores nativos evocó odio en las familias sacerdotales y terratenientes. Tampoco caló mejor su mensaje entre los campesinos, porque el fariseo denunciaba al no instruido en la Torá como una “masa” semejante a la harina, moldeable por llamamientos a cualquier histeria. Análogos al puritano europeo, no transigían ni con la corrupción del clero ni con el fanatismo del ignorante ni con la impiedad del descreído, aunando purismo con pautas seculares como la maestría en un oficio o vivir del modo “más risueño” posible. Lo más irritante para el milenarista era que fuesen oyentes desapasionados, bien dispuestos a revisar cualquier criterio mientras su interlocutor tuviera la bondad de no recurrir a patetismos enfáticos para explicarse.

Su nombre pasa a ser sinónimo de hipocresía y avaricia gracias a los Evangelios, donde son “guías ciegos”, “víboras”, “asesinos”, “podredumbre”, “sepulcros blanqueados” y “saqueadores”45. Tampoco faltan noticias sobre fariseos que escuchan a Jesús con atención, quieren conversar con él y hasta le agasajan. En el encuentro más ilustrativo para nosotros –por hacer referencia al comunismo- Jesús acepta la invitación a cenar de uno, pero no viene en son de paz. Omite lavarse las manos antes de comer, y ante la sorpresa de su anfitrión (no sabemos si antes o después de apurar el alimento) exclama: “¡Malditos seáis, fariseos! Purificáis el exterior de la copa y el plato, mientras vuestro interior está lleno de rapiña y maldad. Dad más bien en limosna lo que tenéis y todo será puro para vosotros”46.

 

3. Los grupos comunistas
Sobre la hermandad esenia47 disponemos de noticias no sólo antiguas sino modernas, gracias a himnos, oraciones y hasta narrativa épica hallados en grutas del Mar Muerto. Comunas suyas existen ya en el 143 a.C., cuando se refugiaron en enclaves remotos para evitar el exterminio, siguiendo a cierto profeta –el Maestro de la Justicia-, cuyas palabras coinciden a veces textualmente con las de Jesús. De ellos viene llamar ecclesia (“asamblea”) a sus reuniones, un gran interés por los ángeles y otros seres “intermedios” y, ante todo, el reproche de “codicia”. Fuese cual fuese su número en otros tiempos, a principios del siglo I comprendía unos 4.000 individuos dedicados por entero a la santidad48.

Es erróneo pensar que fueron “completamente pacíficos”, como creía aún Weber, pues depósitos de armas en Qumrán y varios textos indican lo contrario. Josefo, impresionado por su santidad, les incluye en el alzamiento contra Roma añadiendo que “no lloraron ni rogaron al ser atormentados, sino que perdían la vida con gran alegría, burlándose de sus torturadores”49. En el siglo I las comunas esenias tenían finalidades contemplativas (meditar la Ley) y bélicas (preparación para “el día de las venganzas”). Uno de sus documentos les define como “alianza de testigos verídicos para el Juicio, elegidos para sacrificarse por el pueblo y hacer pagar su deuda a los malvados”50. Aunque Jerusalem parece haber tenido una puerta y un barrio específico para ellos, en esta época habían roto todo vínculo con la vida urbana y practicaban una regla estricta:

“Evitan los placeres como si se tratara de un vicio, y observan la continencia y el control de los deseos como si fuera una singular virtud. Se casan a desgana […] No rechazan la propagación de la especie, aunque buscan evitar el contacto con mujeres promiscuas, convencidos de que ninguna guarda fidelidad a un solo hombre”51.

La mortificación corporal les parecía un modo de lograr facultades proféticas, cosa expresamente descartada por los fariseos, y no veían el sábado como ocasión de alegría sino de quietud absoluta (donde estaba prohibido incluso defecar). Siendo el cuerpo una cárcel para el alma, mantener a raya su influjo les llevaba a realizar abluciones casi continuas con agua fría, un reto formidable viviendo en parajes desérticos como Qumrán, que en la práctica exigía construir aljibes descomunales para pequeñas comunas. Todos vestían el mismo sayal blanco, pasaban gran parte de la jornada en devoto silencio y portaban siempre una azadilla para enterrar sus heces en el campo, pues no admitían las letrinas. Los que no rechazaban el matrimonio sólo se permitían la copulación en miércoles (convencidos de que la criatura nacería entonces en sábado). Su convencimiento de que la mujer es adúltera por naturaleza hizo que prefiriesen “adoptar hijos de otros, a una edad tierna aún para recibir sus enseñanzas”52.
Los esenios interpretaron el “No hurtarás” como prohibición del lucro. Pensaban que ni títulos de posesión ni otros méritos son alegables ante la “necesidad”, y les caracterizó “no comprar o vender entre ellos […] pues cada uno toma lo que le falta, aunque sin dar una cosa por otra. Forman con sus bienes un fondo común, de suerte que el rico no puede disponer de mayor fortuna que quien nada tiene”53. Opuestos a la propiedad en y por sí misma, condenaron tanto la esclavitud como el dinero. Su impronta sobre Jesús brilla también en el hecho de que “tienen lo feo por hermoso”54, y veneran las desgracias corporales (congénitas o adquiridas) como signo de favor divino. En sus documentos aparece la primera mención a un “bienaventurado pobre de espíritu”, añadida a bienaventuranzas para otros indigentes55.

 

El pobrismo
La secta de los “hombres pobres” o ebionim56 simplifica al máximo el trámite de incorporación con un bautismo acuático, que acondiciona para el “inminente bautismo de fuego” previsto por su Fin del Mundo. El más antiguo oficiante de dicho rito es Juan, un primo de Jesús nacido sólo seis meses antes, que algunas tradiciones suponen educado por esenios y vive como ermitaño, cubierto por una piel de camello y alimentándose de saltamontes con miel silvestre. Tras bautizar a su primo, y reconocer en él a un enviado de YHWH, convienen en que no sólo Jesús sino sus apóstoles podrán administrar también ese sacramento. La tradición evangélica fecha tales hechos en el año 29 de la era cristiana -reinando Tiberio, el sucesor inmediato de Augusto-, mientras Juan recorre Galilea seguido por muchedumbres crecientes.

Con el tono de los profetas antiguos, el Bautista llama a su público “camada de víboras que invoca la inminente Cólera”, y si alguno pregunta por qué le aclara que se ha hecho sordo al deber de “compartir”57. Su orden es que “quien tenga dos túnicas, compártalas con quien no tenga, y haga lo mismo quien tenga alimento”58. Para los judíos legalistas es uno entre los profetas delirantes que proliferan desde Daniel, y para Jesús la persona más notoria que le reconoce. A diferencia del grupo de Juan, el suyo escandaliza por falta de rigor ascético59: celebra con vino las fiestas, y constituye una fraternidad ni pudibunda60 ni volcada sobre mortificaciones corporales, que se mueve por las zonas más idílicas del Jordán y el lago Tiberiades, donde es posible vivir recolectando frutos y peces. Aparte del rito bautismal, su nexo de unión es un rechazo sin condiciones de la propiedad privada y en particular del comercio como oficio.

Prácticas ascéticas definen la vida entera de ciertos individuos, o periodos breves de formación para jóvenes como el semestre de noviciado en templos budistas. Para el renunciante indefinido la desposesión justifica también su libertad de conciencia, pues en otro caso incumbe a cada individuo observar sin desvío alguno los criterios y hábitos del estamento al que pertenece. Único desclasado respetable, el renunciante atiende a necesidades “espirituales” de los otros fieles, inmersos como están en las estrechas convenciones de su casta o grupo. Cultos ricos en renunciantes –como el hinduismo, el budismo y el propio judaísmo- corresponden por eso a sociedades perdurar, cuyos eremitas contribuyen directa e indirectamente a la paz y el orden.

El planteamiento pobrista, en cambio, refleja una discordia elevada a niveles explosivos que aspira a liquidar la sociedad tradicional, siendo “más bien heroico que ascético”61. Los profetas antiguos anticipaban castigos de YHWH a Israel fundados en su adulterio-apostasía, mientras los ebionim parten de la propia desunión civil. Más que castigar una transigencia con otros dioses y costumbres, la cólera divina reprimirá un pecado de codicia que funda el desvalimiento de la parte del pueblo más santa y amada por YHWH. De ahí que el milenio -la Venida- implique una restitución generalizada, dirigida a invertir el orden mundano para que ocupe su sitio preferencial el “inocente” o “niño”. Si Amós maldijo e los “gozadores” en general, Jesús precisa: “¡Malditos seáis los ricos, que disfrutasteis ya de vuestra felicidad!”62. Tiago el apóstol –Santiago-, matiza algo más la actitud:

“Vosotros los ricos, llorad a gritos sobre las miserias que os amenazan. Vuestra riqueza está podrida, vuestra ropa roída de polillas [...] Habéis atesorado para una edad que termina. Clama el jornal de los obreros que han segado vuestros campos, defraudado por vosotros, y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en delicias sobre la tierra, entregados a los placeres, y habéis engordado para el día de la matanza”63.
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Lo sustantivo y lo adjetivo
Llamativamente, ni Juan Bautista ni Jesús ni Santiago habrían sido ebionitas para la historia oficial, que limita el término a grupos acusados de herejía en el siglo III por quienes defienden un dogma entonces incipiente. A tenor de aquellas noticias el pobrismo sería “un repudio del apóstol Pablo”64, la creencia de que Jesús “nació de José y María” y “no fue superior a Salomón o Jonás”65, cierta secta abstinente de alimentos cárnicos e incluso el fruto de unos esenios exóticos -los esenios gnósticos o ebionitas- que “matarán a quien no acepte ser circuncidado”66. Lejos de ser los paleocristianos propiamente dichos, grey para las primeras comunas fundadas en el Evangelio, los ebionim serían un fruto “ulterior”. Atendiendo a esas fuentes, ni siquiera consta que condenasen la propiedad privada o defendiesen el dualismo del pobre bueno y el rico malo; su nombre podría ser una casualidad, o venir de un tal Ebión como afirma Tertuliano.

Hasta grandes estudiosos laicos modernos67 pasan por alto que san Ireneo, san Hipólito y otros apologetas precoces son una base de datos muy incompleta, además de sesgada. Pero el resultado de archivar sin análisis la veintena de líneas dispersas que dejaron –e ignorar lo que recordaremos a continuación del Nuevo Testamento- es percibir como desvío particular y anecdótico el núcleo del mesianismo pobrista, fuente primaria de su carisma. Lo cierto es que “inicialmente todos los judeocristianos eran llamados ebionitas”68, y propugnaban “un alzamiento de pobres contra ricos”69. Teniendo esto en cuenta resulta sencillo conciliar a ebionitas de primera generación como Juan Bautista y productos de séptima u octava como el sirio Alcibíades de Apamea, que en 212 conmueve a la comuna cristiana de Roma con un libro70 donde Jesús es llamado Mesías, aunque no Dios. La secta simplemente perseveró en el monoteísmo, justificada de modo adicional por haber tenido contactos de primera mano con Jesús o discípulos suyos, frente a una corriente grecocristiana que no podía alegar lo mismo.

En efecto, Jesús nunca dijo a su cortejo de fieles que fuese un igual de YHWH, y el hecho de mencionarle algunas veces como “mi Padre” (Abba) les pareció otra metáfora en una enseñanza basada sobre revelaciones indirectas (“parábolas”). Atribuyeron por eso la deificación de su rey-mesías al influjo de un sector extraño, cuya fuerza creciente provocaría una escisión en el grupo de seguidores originales conocido también como notzrim o nazarenos71. Pero mantener su credo monoteísta sin renunciar a la lógica mesiánica les llevaría a ser repudiados por el continuismo y por el milenarismo, en nombre de Moisés y en nombre del Cristo, una tragedia cuyo primer sacrificado será el propio apóstol Santiago. Jefe de la comuna de Jerusalem, y uno de los muy pocos alfabetizados –de hecho, escribe en un hebreo elegante-, Santiago disputa con los grecocristianos y muere lapidado por judíos ortodoxos.

Siglo y medio más tarde los residuos de esta fraternidad son conocidos también como hemerobaptistas,72 baptistas, elcasaítas o simplemente “cristianos de san Juan Bautista”73. Que regalasen todo en forma de limosna, convirtiendo a sus hijos en mendigos, dejaba tan atónitos a los romanos encargados de perseguirles como una confianza en el Cielo que les llevaba al martirio por autoacusación. Uno de los procónsules de Asia exclamó: “¡Infelices! Si tan cansados estáis de vuestras vidas ¿tan difícil es encontrar una cuerda o un precipicio?”74. Partiendo del suicidio como virtud excelsa -la de morir oportunamente (mors tempestiva)-, para el romano era una incoherencia llamar pecado mortal a quitarse la vida y luego decretar una lenta consunción económica para sí y su familia.

 

Las tesis pobristas
Precisamente esto, sin embargo, define la madurez de su comunismo. En vez de ceñirse a centros de clausura, como el esenio, el credo ebionita pone sus cartas sobre la mesa desde el primer acto público de Jesús, dirigido hacia quienes venden ofrendas para los peregrinos del Templo:

“Halló allí a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados. Y haciéndose un azote de cuerdas les echó fuera a todos, y a las ovejas y a los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas y volcó las mesas. Y dijo a los que vendían palomas: ‘Quitad de aquí esto y no hagáis de la casa de mi Padre casa de comercio’”.75

Los “judíos” –de no mediar guerracivilismo el evangelista habría dicho “los presentes”, o “los mercaderes”- le preguntan a qué viene eso, y Jesús responde que quienes le sigan podrán hacer cualquier prodigio76. El comercio se rechaza violentamente porque envilece: “Ser amigo del mundo es ser enemigo de Dios”77, “no cabe servir a Dios y al Dinero”78, y un rico sólo entraría en el Cielo si los camellos pasaran por el ojo de una aguja79. María, la madre del Mesías, celebra en su oración que “el Señor despoje a los ricos”80, y un siglo más tarde Tertuliano completa el cuadro incluyendo en el elenco de los condenados al rico de espíritu: “¡Cómo me alegraré cuando vea a tantos sabios tostándose bajo las llamas del Juicio Final con sus engañados discípulos, a Virgilio, Horacio y tantos poetas célebres temblando ante el tribunal!”81. Jesús había dicho:

“Ay de vosotros los ricos, porque tenéis lejos el consuelo. Ay de vosotros los saciados, porque pasareis hambre. Ay de vosotros los que aquí reís, porque llorareis y aullareis”82.

El destinatario de las promesas hechas por YHWH no puede ser más distinto de una raza o un linaje, ya que sintetiza a la humanidad doliente y la creyente, al afligido y al crédulo. Tras fustigar a los mercaderes del Templo, el siguiente acto público de Jesús es el Sermón de la Montaña, donde redefine elocuentemente a los elegidos: “Bienaventurados los pobres de espíritu, los humildes, los afligidos, los hambrientos y sedientos de justicia”83. Es este preciso conjunto el llamado a zanjar el combate entre la luz y las tinieblas con una sociedad extraeconómica, prólogo para el Fin del Mundo. Se cumplirá entonces lo profetizado como “festín mesiánico”, esto es: que “la muerte desaparecerá para siempre”84. La buena nueva (eu-angelos) asegura que los últimos serán los primeros, y que hay un premio seguro para quien tome partido por los ebionim:

“Cuando des una comida no invites a amigos, hermanos o parientes, ni a ricos vecinos, para que no te inviten a su vez y te sea devuelta la atención. Al contrario, invita a los pobres, a los tullidos, a los cojos y a los ciegos. Serás afortunado porque no pueden pagártelo, y tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos”85.


La corriente sapiencial judía intenta proteger al débil inspirándole fortaleza. De ahí afirmar que “el maestro de su oficio trabaja para reyes, no para el vulgo”86, usando “balanzas no lastradas, que pesen fielmente”87, pues la justicia no debe “favorecer al pequeño ni ser intimidada por el grande”88. La corriente profética aborda de modo inverso la protección del débil, y declara: “Palabra de YHWH: llega el momento donde se podrá laborar y cosechar a la vez, plantar la vid e ir a pisarla a los lagares”89. Idéntica fascinación por lo imposible enardece al ebionita, que da un paso adelante a la hora de extraer conclusiones. No sólo es posible plantar y recoger al tiempo, sino dejar atrás la actitud previsora en general. Quien ande preocupado por necesidades futuras blasfema consciente o inconscientemente contra la divina providencia. Tras recordar que pájaros y lirios existen sin siembra ni vendimia, Jesús aconseja:

“No os inquietéis por lo que comeréis o beberéis, o por cómo iréis vestidos. Estas son las cosas que preocupan a los gentiles. Buscad la justicia, y todo se andará por añadidura, todo os será dado con sobreabundancia. No os inquietéis por el mañana”.90

Este optimismo va de la mano con un más allá donde cesan el mundo físico y sus condiciones. En la etapa precelestial, acosada por un marco de escasez, al fiel le bastará ceder su mío para vivir sin apreturas terrenales. Con esa desposesión se asegura no ser maltratado por la proporcionalidad entre esfuerzo y recompensa, un tema que aborda expresamente la parábola de los vendimiadores:

“El propietario del viñedo dijo a su capataz: ‘Llama a los obreros y da a cada uno su salario, subiendo desde los últimos a los primeros’. Los de la undécima hora vinieron entonces, y percibieron un denario por cabeza. Cuando llegaron los de la primera hora pensaron que iban a percibir más, pero a ellos también se pagó un denario, y al recibirlo murmuraron contra el dueño: ‘Estos recién llegados sólo trabajaron una hora, y les trataste como a nosotros, que hemos cargado con la dureza y el calor de toda la jornada’. Entonces él replicó diciendo a uno de ellos: ‘No te perjudico en nada, amigo mío. ¿No habíamos quedado en un denario? Toma lo que te dan y vete. Me place dar a quien llegó el último tanto como a ti. ¿Acaso no tengo derecho a disponer de mis bienes como me plazca? ¿Acaso debes sentir envidia porque soy bueno? He ahí como los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos’”91.

El comunismo niega al individuo el derecho a disponer de sus bienes como les plazca, ya que todo pertenece a todos. Pero el dueño de esta finca no es un propietario cualquiera sino el Señor del mundo, y Jesús le presenta en el acto de llamar envidioso a quien pretenda medir los esfuerzos como méritos. Sin perjuicio de que el Todopoderoso resuelva cada caso como le plazca, su regla es que las necesidades deben predominar sobre cualquier otra consideración. Este principio, defendido originalmente por los esenios, se desarrolla mediante portentos como la multiplicación del pan y los peces o la del vino en las bodas de Caná, orientados a mostrar hasta qué punto van de la mano una abundancia gratuita y la fe más firme.

Por otra parte, la multiplicación milagrosa no excluye ni la necesidad ni la urgencia de una desposesión personal. “Vended todos vuestros bienes, y regalad el dinero”92, lema repetido en las más diversas circunstancias, es un programa insólito no ya en la cuenca mediterránea sino en cualquier otro ámbito antiguo. Las sectas expropian por sistema a sus iniciados, y los ermitaños renuncian a cualquier propiedad tasable, pero el Reino de Dios que Jesús predica no aspira a formar una secta93 ni impone pautas monacales. “He venido para establecer la división. Desde ahora los cinco miembros de una familia se opondrán: tres contra dos y dos contra tres; padre contra hijo e hijo contra padre”94. Su tarea implica “incendiar la tierra […] trayendo no la paz sino la espada”95, único instrumento afilado en medida bastante para combatir al Dinero. Debe darse al César lo que es del César, pero para dar a Dios lo suyo se impone desmercantilizar el mundo.

Aunque hay alguna otra visión memorable entre las tesis pobristas, iremos encontrándola al seguir el desarrollo de la Iglesia. Renan mantuvo que nunca conoció el mundo un momento de tanta intensidad emocional como el primer cristianismo, y es en todo caso cierto que hasta entonces no se había instalado tan permanentemente el milagro en lo cotidiano. El curso natural del mundo aparece suspendido y aquí y allá con portentos, que lejos de resultar enigmáticos -¿por qué resucitar a Lázaro y no a niños muertos?- reclaman el estatuto de “pruebas”. Un siglo más tarde la vehemencia de los comienzos sigue intacta, aunque se extiende por un área mucho más amplia. En Alejandría o Cartago los viajeros pueden topar en los caminos con fieles rigoristas –por contraste con los “laxos”- que no se limitan a predicar penitencia y fin del tiempo. En nombre de su grupo -montanista, novaciano, donatista, etcétera- los más impacientes amenazan de muerte a quien no se avenga a matarles, pues sólo el martirio asegura ir al Cielo.

 

NOTAS

1 Génesis, 32: 25-29.

2 Deuteronomio, 15:12-13.

3 Éxodo, 21:27.

4 Ibíd., 21:20. El pasaje no precisa cuál.

5 Como las enajenaciones derivaban de compraventas, y recobrar un inmueble suponía devolver su contrapartida (en ganado u otros bienes), cosa normalmente indeseable para ambas partes, el precepto no parece haberse puesto en práctica. Cf. Fetscher 1977, p. 17.

6 Deuteronomio 23: 20-23.

7 Cf. Nelson 1949, p. 15-21.

8 Levítico 19:15-18.

9 El más antiguo texto bíblico podría ser la oda triunfal de Débora, una profetisa arcaica, donde “su avance hace temblar la tierra y estremece a los cielos” (Jueces 5:4). También se llama a sí mismo “jefe del ejército” (Josué 5:14).

10 Vertido normalmente como Yahvé y Jehová. Cuando pronunciaban su nombre los judíos le llamaban Elohim (“ser divino”) y Adonai (“mi señor”). El acrónimo YHWH aparece unas seis mil veces en la Biblia hebrea, y ninguna en el Nuevo Testamento; cf. Bloom 2006, p. 133.

11 En los comienzos, con todo, ese individuo puede carecer de rasgos sobrenaturales. Isaías aplica el término a un pagano como Ciro el Grande, que venciendo a Nabucodonosor permitió a los judíos retenidos en Babilonia volver a su país.

12 Es la intención primaria en el Libro de Daniel -no profético para el judaísmo-, prototipo de la literatura llamada “seudónima”. Alegando ser del 600 a.C., aunque escrito hacia 170 a.C., se apunta como pronóstico certero cualquier hecho intermedio.

13 Isaías 1:21.

14 Amós, 3:2. El original dice “conocer”, en el sentido en que el esposo “conoce” a la esposa, por ayuntamiento. Sobre el factor femenino en la tradición yahvista, cf. Bloom 1995.

15 Deuteronomio, 7: 2-7.

16 Fenicia es otro nombre para la “tierra de Canaán” que conquistan los caudillos israelitas arcaicos, y un territorio donde sin duda echaron raíces antes de ser desplazados políticamente por otros.

17 Los cinco libros llamados también Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio).

18 Malaquías, 4:4.

19 La corriente sapiencial informa fundamentalmente Job, Salmos, Proverbios, Cantar de los cantares, Sabiduría y Eclesiastés.

20 Mateo 23:31.

21 Lucas 11:46.

22 Renan 1967, p. 178.

23 Ibíd.

24 Deutero-Isaías 42:22.

25 Ibíd. 3:2.

26 Amós 6:1.

27 El Rollo de la Guerra distribuye un ejército de 28.000 infantes y 6.000 caballeros, reforzados por gran número de ángeles; cf. Eliade, 1983, vol. II, p. 344.

28 Flavio Josefo, Historia de las guerras judías 2, 17.

29 Cf. Josefo 1, 7, 252-274.

30 I Macabeos, 1:11.

31 Suetonio, Vit. Vesp., IV,5; y Josefo 2, 18, 9.

32 La primera guerra estalla cuando un grupo de celotes toma la fortaleza de Masada, tras degollar por sorpresa a su guarnición, y concluye allí -siete años más tarde- cuando los defensores se inmolan colectivamente, dándose muerte unos a otros o arrojándose por las murallas. Destruir en represalia el Templo de Jerusalem, crucificar y deportar, como hace Roma, no aborta un planteamiento apocalíptico que vuelve con Lucas-Andreas y más adelante con Simón bar Kokhba, otros dos reyes-mesías. Secundado por el gran rabino Akiba ben José, un guerrero valeroso y capaz como Kokhba inflige a las legiones de Adriano pérdidas aún más graves que las causadas por Lucas-Andreas a las de Trajano.

33 Las reparaciones de guerra incluyen deportar desde Palestina a unos diez mil prisioneros de las mejores familias, que levantan en Roma el Panteón y mueren como hormigas en el empeño. Otra parte de las reparaciones es un impuesto ad hominem, que afecta a todos los expatriados y grava a fin de cuentas su libertad de conciencia.

34 Ezequiel 16:3.

35 Cf. Rostovtzeff 1998, vol. II, p. 596-600.

36 Mischna, “Sanedrín”, XI, 1; Talmud de Babilonia, 82b y 83a.

37 Eclesiastés, 3:16.

38 El judaísmo siempre fue remiso a que el clero adquiriese propiedades, y Deuteronomio establece que “los sacerdotes levitas no tendrán parte ni herencia de Israel; vivirán alimentados por los sacrificios a YHWH y de su patrimonio particular” (18:1). Como el judío emigrado no tiene Templo donde se hagan ofrendas, sus nuevos sacerdotes renuncian a cualquier mantenimiento.

39 Mommsen 1998, vol. IV, p. 558.

40 Cf. Rostovtzeff 1998, vol. II, p. 597.

41 En definitiva, piensa la libertad divina como don (járis, “gracia”) inaccesible a la voluntad humana, una idea retomada algo después por san Pablo. Lutero opondrá la gracia a la venta papal de indulgencias, y Calvino acaba reinterpretando esa libertad divina como fundamento de la predestinación.

42 Su descripción se contiene en dos breves tratados: Cualquier hombre bueno es libre y Defensa de los judíos.

43 Josefo, Guerras 2, 7.

44 Weber 1988, vol. III, p. 452.

45 Cf. Mateo 23:15-33.

46 Lucas, 11:39-42.

47 Nombre derivado quizá del hebreo asaya (“médico”). Filón les menciona a veces como secta de los “terapeutai”.

48 Filón, Cualquier hombre bueno es libre, 75-91.

49 Josefo, Guerras 2, 7.

50 Es la Regla de la comunidad, encontrada en la gruta 4. Cf. Starky 2000, p. 143.

51 Josefo, Guerras 2, 120-121.

52 Ibíd. 2, 7.

53 Ibíd., 2, 122-123.

54 Ibíd., 2, 7.

55 En los Himnos de la gruta 1, y en fragmentos como 4Q525. Cf. Puech 2000, p. 160-161.

56 El término hebreo tiene como sinónimo “oprimidos”; cf. Dictionary of Christian Biography and Literature, voz “ebionism”.

57 Lucas 3:7.

58 Ibíd. 3:11.

59 “Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y oran, lo mismo hacen los discípulos de los fariseos, mientras los tuyos comen y beben”. (Marcos 2:18-22). Jesús opone a ello que “el vino nuevo pide odres nuevos” (Ibíd., 2:22).

60 Sin perjuicio de que quizá fuese célibe, Jesús aparece rodeado siempre por seguidoras, entre otras una mujer de vida alegre como María Magdalena, a quien defiende con gallardía.

61 Troeltsch 1992, vol. I, p. 59.

62 Lucas 6:24.

63 Epístola 4: 13 –16; 5: 1-6.

64 Ireneo, Contra los herejes, 22.

65 Tertuliano, Sobre la carne de Cristo, 18.

66 Hipólito, Refutación de todas las herejías, 9, 21.

67 Por ejemplo, los trabajos de Weber sobre el judaísmo antiguo, y los de su colega y amigo Troeltsch sobre doctrina social de las sectas cristianas. Este último entiende que “proclamar el valor infinito del alma, como hace Jesús, demuestra sin sombra de duda cuán ajeno era a cualquier idea de la pobreza como valor en sí, y a una necesidad de compensarla […] Esta mezquina perspectiva equivale a tratar las doctrinas de la socialdemocracia como si sólo significasen ‘reparto de la propiedad’ y ‘venganza a costa del próspero’ ” (Troeltsch 1992, vol. I, p. 171). En la segunda parte, comparando el pensamiento de socialdemócratas como Bernstein y Rosa Luxemburg, sopesaremos lo ajustado o no de tal apreciación.

68 Orígenes, Contra Celso, II, 1. Orígenes de Alejandría, cuya obra se redacta a mediados del siglo III, es sin sombra de duda el escritor cristiano más culto de su tiempo.

69 Mead 1903, p. 352. Scholars contemporáneos como Maccoby (1987) y Ehrman (2003), entre otros, se ocupan de recordarlo.

70 El de Elcasai, canónico para la secta donde se educará el fundador del maniqueísmo, Manes.

71 O mejor “nazorenos”, que en arameo significa seguidores del nazor (“salvador”). Cf. Minouni 2000, p. 299.

72 “Bautistas cotidianos”, que practican ese rito todos los días.

73 Renan 1967, p. 194.

74 Cf. Gibbon 2000, p. 243.

75 Juan, 2, 14-16.

76 Mandarán a una montaña “arráncate y lánzate al mar,” y ocurrirá; cf. Mateo 21:22-23.

77 Epístola de Santiago 4: 4.

78 Mateo, 6: 24.

79 Ibíd.19:24.

80 Lucas 1:53.

81 Cf. Gibbon 2000, p. 210.

82 Lucas 6, 20-25.

83 Mateo 5: 3-7.

84 Isaías 25:8.

85 Lucas 13:12-15.

86 Proverbios 22:29.

87 Ibíd.11:1.

88 Levítico 19:15.

89 Amós, 9:13. “En breve” tanto “los leones como los bueyes comerán el heno, jugará el niño pequeño junto al nido de la víbora, y el recién destetado pondrá su mano en la gruta del basilisco” (Isaías, 11: 8-9).

90 Mateo 6: 31-34.

91 Ibíd. 20: 8-16.

92 Lucas 12:33.

93 “Jesús no organizó una Iglesia […] y esa es una de las principales diferencias entre su predicación y la de los esenios […] Es también la razón de que el pensamiento sociológico del Evangelio haya sido capaz de reaccionar contra la tiranía eclesiástica una y otra vez” (Troeltsch 1992, vol. I, p. 58).

94 Lucas 12:51-53.

95 Mateo 10:34.

 

© Antonio Escohotado
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