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LOS ENEMIGOS DEL COMERCIO
XIII. ALZAMIENTOS RURALES Y URBANOS
Se había asegurado a aquellas pobres gentes que la fortuna
de los ricos era el producto de un robo, que la desigualdad era tan
contraria la moral y a la naturaleza como a la sociedad24.
El puente entre la Cruzada de los Niños y las rebeliones laicas
es la Cruzada de los Pastores, un movimiento protagonizado por 60.000
hombres, mujeres y niños que siguiendo a cierto Maestro25
confluyen sobre París en 1251. Allí exigen que la autoridad
les traslade a Tierra Santa para liberar al rey Luis IX, prisionero de
los musulmanes, reprochando al clero y a la nobleza francesa que lo hayan
abandonado26.
Las tradiciones del pastorcillo Esteban y el Maestro tienen tanto arraigo
que surge una segunda cruzada de pastoreaux poco después
del Gran Hambre, cuando en 1320 un joven gañán recibe del
Espíritu Santo el encargo de combatir a los moros de España.
La multitud vuelve a confluir en París para pedir el apoyo real,
vuelve a no ser recibida y vuelve a desplazarse hacia el sur, atacando
castillos, funcionarios reales, sacerdotes, leprosos y judíos.
Estos últimos son su blanco predilecto en varias ciudades francesas
y luego en Aragón, donde el rey lo prohíbe de modo expreso.
A pesar de ello los pastores exterminan a unos 300 sefarditas
en Montclus, provocando la captura y ejecución de sus líderes27.
1. Hacia un poder civil
Pero el fervor misional ortodoxo se está extinguiendo, y los tétricos
horizontes impuestos por la Muerte Negra no frenan un proceso de privatización
de la propiedad. El hecho de que los instrumentos jurídicos diseñados
para protegerla sean anteriores al colapso demográfico ayuda a
entender por qué la plaga no produjo, como en otras civilizaciones,
una regresión irreversible. La compraventa, el crédito y
la producción simplemente se ralentizan, sin dejar de roer la vieja
estructura, y todas las leyes resultan anacrónicas cuando no sólo
hay millones de burguenses sino otros tantos de granjeros nuevos,
nada dispuestos a admitir que la caza de infieles y herejes postergue
sus peticiones de autonomía y participación en el gobierno.
Una dinámica sin enemigos teológicos se manifiesta precozmente
en la revuelta de Palermo conocida como Vísperas Sicilianas (1282),
y desde entonces apenas transcurre una década sin que otra ciudad
importante se sume a la reivindicación política. En 1293
el gobierno de Florencia pasa a ser plenamente civil con Giano della Bella.
En 1302 Brujas, principal emporio del noroeste, reacciona a los tributos
impuestos por Francia liquidando a su guarnición allí, y
dos meses más tarde sus milicianos aniquilan al flamígero
ejército enviado para castigarles. Desde 1323 a 1328 otros burgos
de Flandes mantienen la insurgencia, que culmina en 1337 con el alzamiento
de Gante. En 1347 le toca el turno a Roma, en 1358 a París, en
1378 otra vez a Florencia, en 1381 a Londres y en 1416 a Praga.
Para flamencos, ingleses y franceses el crisol donde acaban de forjarse
sus nacionalidades es la guerra de los Cien Años28.
Pero las rebeliones de estos tres países, políticamente
tan distintos, tienen en común con el resto de las europeas una
novedad tan profunda como desacralizar el poder coactivo. Para el granjero
medio o los burguenses ha dejado de ser aceptable que la fuerza
legítima derive de Dios sin más, como hasta entonces, pues
ha cundido en su seno exigir del jerarca no sólo legitimidad formal
sino conocimiento, arte de gobierno. Faltando la prudencia, como explica
Maquiavelo, será imposible no naufragar en un disparate u otro.
Todas las ciudades que en cualquier tiempo fueron regidas por
un príncipe absoluto, por aristócratas o por el pueblo
se han apoyado sobre una fuerza combinada con prudencia, porque esta
última no basta y la primera o bien no produce cosas o no las
mantiene.
Revolución en Francia
Tras la humillante derrota de Poitiers (1356), que supone el cautiverio
en Inglaterra del rey francés y la necesidad de pagar por él
un enorme rescate, cunde entre los ciudadanos de París -la mayor
ciudad europea entonces- el convencimiento de que el reino se hundirá
si los Estados Generales29
no se transforman en algo análogo a un Parlamento como el que tienen
los ingleses. El portavoz de dichas exigencias es el magnate Étienne
Marcel, nieto del fundador de la primera empresa textil francesa con delegaciones
en toda Europa, preboste o comptrolleur del comercio en la capital.
Hablando en nombre de las corporaciones mercantiles y los gremios ofrece
a la monarquía un soldado equipado por cada cien ciudadanos, así
como estudiar el establecimiento de nuevos tributos; pero exige que la
aristocracia renuncie al privilegio de la exención fiscal, y al
de requisar forraje o animales. Más aún, considera inaplazable
que el pueblo intervenga políticamente sin demora, a través
de un Consejo Real. Como el Delfín se niega a aceptar este pliego
de condiciones unos tres mil burguenses asaltan el palacio real
en febrero de 1358, matan a tres de sus principales asesores ante sus
ojos y le someten a algo repetido por los revolucionarios de 1789: recibir
por tocado el gorro rojo y azul de los tejedores. Es su forma de protegerle.
Marcel decreta a continuación el autogobierno de la comuna de París
y toma medidas de sentido común30,
pero no logra congraciar a comerciantes y artesanos como esperaba, ni
evitar que el Delfín huya y se haga fuerte en el resto de Francia.
Tras un abortado intento de alianza con Flandes, excita la rebelión
en el campo y une sus destinos al rey de Navarra. Morirá intentando
abrir la ciudad a su ejército, y por obra de un antiguo amigo,
pues ha decepcionado no sólo a los plebeyos ricos sino a gentes
que desconfían del populacho urbano y labriegos arengados demagógicamente.
Como Pieter de Conink en Brujas, Jacob van Artevelde en Gante o Cola de
Rienzi en Roma, Marcel encarna al tribuno democrático que el burgo
comercial demanda: alguien a quien no puedan atribuirse ambiciones de
parásito, pues se gana bien la vida con un oficio privado.
Algo antes de que Marcel muera, en mayo, su llamamiento a la sublevación
rural produce en el norte y el centro de Francia la rebelión de
la Jacquerie31,
que quiere vengar el fracaso de sus caballeros en el campo de batalla.
Las dimensiones extraordinarias de su cólera tienen como antecedente
que el rescate del rey impuso elevar la contribución rústica,
y que los labriegos quedaran obligados a hacer prestaciones gratuitas
de trabajo para reparar propiedades de la nobleza dañadas por la
guerra. Con todo, el movimiento estalla en el Beauvais una comarca
no devastada en absoluto-, y su foco meridional nombra como caudillo a
Guillaume de Cale, un granjero próspero. El foco septentrional
ha hecho rey a cierto salteador, que se rebautiza como Jacques Bonhomme.
La versión políticamente correcta del episodio presenta
a ambos como jefes de una reacción defensiva, destacando
que no atacaron propiedades religiosas sólo nobiliarias-
y que fueron víctimas de la represión más sangrienta32.
Las Crónicas de Jean Froissart estarían contaminadas
por ideología aristocrática, aunque no hay descripciones
alternativas y si queremos saber algo más sobre la Jacquerie hemos
de atender a su relato:
Entre otros excesos mataron a un hidalgo y lo asaron ante su
esposa e hijos. Unos doce violaron a la dama, y como ella y sus vástagos
se negasen a comer la carne del caballero les atormentaron hasta morir33
[
] Como pronto pasaron de unos 600 a unos 6.000 incendiaron y
destruyeron sin resistencia más de un centenar de castillos,
matando sin piedad a todas las mujeres y adolescentes como perros rabiosos
[
] El rey de Navarra mató a más de 3.000 en un día,
no lejos de Clermont, pero para entonces habían crecido hasta
ser unos 100.000. Cuando se les preguntaba por qué hacían
esas cosas alegaban no saberlo. Otros las hacían y ellos les
copiaron34.
Curiosamente, el refugio que salva a la alta aristocracia de morir en
masa es el mercado de Meaux, donde si bien la ciudad simpatiza con los
campesinos ese perímetro se encuentra protegido por el Marne como
foso. Tras el fracaso de su asedio quienes en tres meses lograron alzarse
e incendiar medio país desaparecerían rápidamente,
dando ocasión a la nobleza para que rivalizara con ellos en atrocidades.
Francia había asumido la vanguardia de Europa en sensibilidad revolucionaria,
y para prevenir sediciones como la de Marcel y los jacques se erigió
en París una fortaleza inexpugnable: la Bastilla. Empezaba una
larga cuenta atrás para el sector de población que Froissart
llama villanos pequeños y oscuros.
Las luchas sociales en Florencia
El extraordinario florecimiento económico y artístico de
Florencia, sólo comparable con el ateniense, parte de un burgo
que se emancipa del yugo señorial a finales del siglo XIII. Desde
entonces se instituye el gobierno de un órgano político
colegiado -la Signoria35-
en el que ciertos gremios empiezan teniendo la preeminencia y mantienen
algo semejante a una guerra civil controlada, con dos focos básicos
de conflicto. Uno es el recelo del artesano ante el empresario, que alega
una oposición entre interés popular e interés del
patriciado, compuesto ahora por nobles plebeyos. El otro es
odio dentro de los propios gremios, que escindidos en arti maggiori
y arti minori cronifican por decreto la diferencia entre popolo
grasso y popolo magro, pudientes y modestos36.
Con el trabajo libre ha llegado un culto a la pericia técnica desconocido
en sociedades esclavistas, que arbitra cinco o siete años de formación
para cada aprendiz y le exige presentar al término una obra
maestra. Pero las asociaciones de artesanos son una institución
ambivalente en lo que respecta al bien común. Por una parte ponen
en marcha montepíos, fomentan el conocimiento y ejercen un control
de calidad equivalente a ética profesional. Por otra exigen que
técnicas, materias y puntos de venta sean cosas vedadas para quien
carezca de afiliación, y rodean de arbitrariedad dicha afiliación.
Ser una meritocracia basada sobre el buen nombre origina las primeras
normas sobre patentes y marcas, si bien al precio de que comprar y vender
se transforme en una franquicia pagada para reinar luego sobre los precios,
haciendo que sólo parte de los géneros producidos lleguen
al público. No concibe otro régimen que mantener un suministro
siempre inferior a la capacidad industrial de cada momento37.
Más concretamente, para abrir un negocio en Florencia a mediados
del siglo XIV es preciso estar afiliado a alguna de las Artes reconocidas,
aunque sólo los maestros pueden afiliarse y muchas actividades
no tengan acceso a ese trámite. De ahí una revuelta encabezada
por los cardadores o ciompi, que se hacen con el poder en junio
de 1378 reclamando franquicias para oficios carentes de ese privilegio
y una distribución más democrática de la Señoría.
El triunfo de los rebeldes otorga el cargo de Gonfaloniere de Justicia
a Michele di Lando, un desarrapado en principio más
afín a la demagogia que tribunos patricios como Artevelde, Marcel
o Rienzi. Sin embargo, era un hombre sereno y sabio, más
favorecido por la naturaleza que por la hacienda, y se resolvió
a restaurar la paz38.
Cuando su facción quiso forzar las cosas con demandas intempestivas
no dudó en impedirlo, poniéndose al frente de la guardia.
Quienes acabaron odiándole fueron por eso sus colegas más
impacientes, cuya influencia se desvanecería al perder el apoyo
de los gremios menores. Las conquistas laborales de los ciompi
desaparecieron antes de terminar el verano, y pocos años más
tarde los gremios mayores volvieron a enseñorearse de la república.
Eso no les libraría de acabar cediendo el gobierno a grandes empresarios,
un evento prefigurado por la empatía entre un cardador-estadista
como Michele di Lando y Salvestro de Medici, un valiente caballero de
noble familia plebeya. Lando le nombra sucesor suyo cuando
todavía es un adolescente su primo Giovanni, fundador de la banca
y primer mecenas del linaje.
El retorno a formas oligárquicas de gobierno supone el destierro
de ambos, cuya amistad simboliza diálogo entre pueblo bajo y clase
media, y puede incluso considerarse un logro que la gratitud cívica
imponga desterrarles, en vez de descuartizarles. Peor arreglo tiene que
el gremialismo esté pasando de la artesanía a una ocupación
pura y simple de todo espacio comercial, prolongando sus talleres en forma
de tiendas y minando el desarrollo armónico del medio urbano y
el rústico. Repercute aquello que paga por sus privilegios corporativos
con subidas de precio al campesino, y desarrolla una regulación
[
] que faculta a la ciudad para comprar con una cantidad menor de
trabajo propio una mayor cantidad de trabajo del campo39.
Es un sí o sí, aunque el aliado natural del burgo no acepta
irse quedando atrás y provoca el mayor alzamiento popular conocido
hasta entonces.
La rebelión inglesa
Tres años después de que la república florentina
se haga democrática, siquiera sea fugazmente, un rencor acumulado
desde el Statute of Labourers (1351) estalla en gran parte de Inglaterra
quemando palacios, ocupando abadías y dominios, abriendo cárceles
y destruyendo registros. El Statute decretaba topes salariales,
arbitrando multas para cualquier operario que cambiase de empleador, y
a esas medidas el gobierno había añadido un nuevo impuesto
indiscriminado (el poll tax) para pagar la guerra con Francia,
cuya cuantía acababa de elevarse al triple. El pueblo que
según el anónimo cronista de la Great Revolt40
incluía no sólo campesinos y artesanos sino comerciantes
ni ricos ni pobres- exige entonces servicios de trabajo
basados en contratos libres y derecho a arrendar tierra inculta por cuatro
peniques el acre41.
A la cabeza de la rebelión está el herrero Wat Tyler (1320-1381),
condecorado por heroísmo en Poitiers y otras batallas, cuyas dotes
le permiten apoderarse rápidamente de todo el sudoeste inglés
Londres incluido-, y forzar una negociación directa con el
joven Ricardo II. El 14 de junio los veinte mil combatientes que le siguen
prestan entidad y urgencia a las reclamaciones de los commons:
Que ningún señor tendrá señorío
distinto de la cortesía, y habrá igualdad entre todos,
salvo el rey, y que los bienes de la sagrada Iglesia no quedarán
en manos de los religiosos, sino que tras asegurar una dotación
suficiente para el sostén de los clérigos actuales el
resto de los bienes se dividirá entre el pueblo de cada parroquia
[
] Y que dejará de haber servidumbre o villanía,
siendo todos los hombres libres y de una sola condición42.
Desarmado y sin escolta, Tyler cae en la misma trampa usada por el rey
de Navarra tres años antes con Cale, líder de la Jacquerie
en el sur francés. Portar bandera blanca y ser invitado a conferenciar
no manda al gentleman cumplir la palabra dada a sabandijas
impúdicas que osan dirigirse sin el debido respeto a la majestad,
como alega el alcalde de Londres mientras le asesina con ayuda de su escudero.
Los comunes ingleses eran probablemente más monárquicos
de corazón que la aristocracia de sangre, y cuando vieron
la cabeza de su jefe en el extremo de una pica se derrumbaron entre los
trigales como hombres vencidos, implorando misericordia al monarca por
sus malas acciones43.
Muchos de ellos sentían ya remordimiento por desmanes como incendiar
parcialmente la Universidad de Cambridge, o matar a algunos hidalgos y
abades, y un contingente importante abandonó Londres al saber que
un grupo de commons había secuestrado y luego asesinado
al arzobispo de Canterbury. Como en París y Florencia, la política
de terror y hechos consumados dividió en vez de aumentar el compromiso
de unidad entre los rebeldes, precipitando de paso la venganza del desafiado.
Según la Crónica de 1381, cuando el rey pensó
que el castigo había sido suficiente [tras ejecutar a muchos] les
otorgó el perdón mientras no volviesen a alzarse, so pena
de perder vida y miembros, y a condición de que cada uno le pagase
20 chelines como multa, para hacerle rico. Y así acabó esta
guerra perversa.
2. De Londres a Praga
Terminar suplicando clemencia al opresor es poco airoso, pero el cronista
ignoraba que la Great Revolt acabaría imponiendo todas sus
reivindicaciones, algunas casi de inmediato. Entre los inspiradores y
seguidores de Tyler destacan los lolardos (lollards), que suelen
etiquetarse como grupo afín a los cátaros-bogomiles pero
no son dualistas sino más bien pauperes valdenses, posteriores
en vez de previos o coetáneos a la revolución comercial.
Su figura más visible es el monje John Ball, origen de los versos
que la rebelión transformó en himno de batalla44,
portavoz a su vez de John Wyclif (1324-1384), lucero del alba de
la Reforma. Con Wyclif llega el primer traductor de la Biblia a
lengua romance, y un replanteamiento de la Iglesia pobre que la reforma
gregoriana había silenciado con el estrépito de sus invocaciones
al ascetismo. Ahora se hace inaplazable elegir entre una institución
conservadora la Iglesia señorial- y una secta apostólica
militante.
Propiedad y autoridad derivan directamente de Dios, aunque este
derecho sólo pueden disfrutarlo quienes observan la ley divina
de amor, humildad y autocontrol, como un feudo que sólo se otorga
al vasallo mientras obedezca la ley de su señor. Ya que la Iglesia
no guarda esta ley el Estado está legitimado para privarla de
su posesión ilícita y restaurar el ideal de de la Iglesia
pobre, cuya existencia se circunscribe a fines espirituales.
Con esta teoría del dominium Wyclif no pretendía
atacar los derechos de propiedad de los laicos, pues ellos no pueden
desobedecer la ley divina como el sacerdocio. La propiedad está
conectada con sus funciones seculares, mientras las funciones de la
Iglesia más bien la excluyen45.
Sucede así que los pauperes lyoneses acaban teniendo su
portavoz en un filólogo e historiador eclesiástico, orgullo
de la Universidad de Oxford. Una religiosidad hasta entonces visceral
y analfabeta sigue al scholar más culto como luego
sucederá en otros países con Hus y todos los reformistas
ulteriores-, y tras la Gran Revuelta ningún observador pone en
duda que uno de cada dos ingleses es lolardo de corazón. En 1395
la lollardy presenta al Parlamento un escrito llamado de las Doce
Conclusiones46,
basado en que todo cristiano adulto, hombre o mujer, puede entender por
sí solo las Escrituras y debe atenerse soberanamente
al sentido descubierto en ellas. Nada ni nadie puede estar por encima
de esa comprensión personal, asistida en cada caso por la clear
reason.
La Iglesia inglesa pide auxilio al poder temporal y se promulga el decreto
De heretico comburendo (1401), que prohíbe la tenencia o
lectura de la Biblia en lengua vulgar y amenaza al grupo de rebeldes con
la hoguera. Pero la lollardy carece de vocación martirológica,
y sus miembros están dispuestos a jurar todo cuanto se les pida,
incluyendo sólo tener la Biblia en alguna lengua muerta. Erasmo
les llama una opinión conquistada pero no extinguida,
de la cual se alimentan anglicanos y reformistas, y en todo ese tiempo
no ha habido manera de evitar, por ejemplo, que Nuestra Señora
de Walshingham sea mencionada todavía en 1523 como La Bruja de
Walshingham47.
La revolución husita
La rama valdense de Bohemia -una de las más tardías y poco
numerosas, si se compara con los pauvres de Lyón o los poverelli
del Piamonte y la Lombardía- padeció también menos
defecciones. En su momento, las ideas de Wyclif fueron difundidas por
el entonces rector de la Universidad de Praga, el teólogo Jan Hus
(1369-1415), que compareció en el Concilio de Constanza confiando
en un salvoconducto real, y acabó asado allí como hereje.
Una acción tan cobarde y cruel sublevó a todo el territorio
de habla checa desde Silesia a Austria, donde los rebeldes gobernarían
hasta 1435. Esas dos décadas se deben a la determinación
popular y al genio bélico de Jan Zizca48,
que venció repetidamente a grandes ejércitos de cruzados.
La república democrática morava es una sociedad sin
señores ni siervos, que hidalgos, burgueses y campesinos
fundan en el burgo de Tabor con la intención de devolver al pueblo
su inocencia compartiendo los bienes. Es teóricamente
un Estado comunista, aunque limita a la Iglesia señorial sus expropiaciones,
mantiene la propiedad privada de muebles e inmuebles y centra en los alimentos
el deber de compartir. El pobrismo valdense se distingue del protocristiano
por no estar reñido con el comercio, y los taboritas moderados
(utraquistas) montan albergues y comedores para indigentes
sin perjuicio de explotar con eficacia mercantil sus principales recursos,
que son unas minas de oro y la agricultura.
Tampoco faltan adeptos al ebionismo evangélico, y el movimiento
se escinde en un ala sostenida por sus clases medias y una versión
rural que habría espantado a Valdes, Wyclif y Hus. Milenaristas
nacionalistas, como los celotes judíos, quieren todo en checo
y se consideran milicia de Dios llamada a librar guerras santas, que igualen
a todos en posesiones49.
Compartir voluntariamente los alimentos, como proponen los tibios, les
parece una rendición ante el egoísmo mundanal. No admiten
en sus territorios a otros cristianos, que serán ejecutados si
retrasan lo más mínimo una conversión a la fe husita,
y rechazan tanto la propiedad privada como los impuestos. Hus y la mayoría
de sus partidarios rechazaban la pena capital, aunque ellos la restablecen
para el estado de emergencia que explica Jan Zelivsky, uno de sus dirigentes:
Los pobres tienen que pronunciarse contra todos los que no proceden
de Dios [...] Tan sólo el que trabaja puede decir con fundamento:
el pan nuestro de cada día. Los otros consumen el
pan como ladrones y bandidos [...] Ocurrirá como consta en Apocalipsis:
comeréis los cuerpos de los reyes y los cuerpos de las gentes
principales. Y la bestia será capturada, y con ella los falsos
profetas. Ambos serán arrojados en el mar de azufre hirviente50.
Al parecer, llegaron a sentir una repugnancia tan sincera hacia la riqueza
que después de las batallas sepultaba al enemigo sin despojarle
de ningún aderezo, ya fuese de plata u oro. La derrota les llegó
por fractura, cuando el ala utraquista prefirió aliarse con los
católicos51 a proseguir el experimento de secesión, precipitando
con ello nuevas escisiones. Unos prosiguieron la lucha, convirtiéndose
en bandas sostenidas por el saqueo que resurgirían con el comunismo
anabaptista alemán; otros fundaron una rama llamada a practicar
la más extrema mansedumbre (los Hermanos Moravos), fuente de inspiración
para el pietismo y el metodismo que florecerán en Alemania e Inglaterra.
Parece innecesario añadir que una represión atroz siguió
a la victoria final de los cruzados, y a la égida del hasta entonces
rechazado Segismundo.
NOTAS
24
Tocqueville 1984, p. 185.
25
El llamado Maestro de Hungría, que la Chronica maiora
de Mateo París (c. 1257) identifica como uno de los líderes
de la cruzada infantil. El grueso de sus seguidores venía de
Brabante, Flandes y Picardía.
26
La reina madre, Blanca de Castilla, limita con tropas su movimiento
por la ciudad y acaba expulsándolos. Divididos en grupos, algunos
expulsan al arzobispo de Rouen y ahogan en el Sena a varios clérigos;
otros atacan monasterios en Tours, persiguen judíos en Amiens
o resisten en los alrededores de Bourges, donde el Maestro de Hungría
sucumbe en una escaramuza.
27
Ya en París denunciaban el contubernio de la monarquía
francesa con los judíos, un hecho reseñable cuando Felipe
IV los había expulsado de Francia en 1306, confiscando todos
sus negocios. La calamitosa administración de lo confiscado justifica
readmitirlos en 1316.
28
En realidad 116 (1337-1453) a despecho de varias treguas, donde Inglaterra
-un país siete veces menos poblado entonces que Francia- lucha
por mantener sus posesiones allí. La superioridad británica
sólo resulta compensada por el hecho de que sus ejércitos
son una costosa fuerza expedicionaria.
29
Una institución hasta entonces sin funciones de gobierno, surgida
en 1302 para aprobar tributos extraordinarios. La formaban representantes
del clero (primer Estado), la nobleza (segundo Estado) y las bonne
villes o ciudades destacadas (tercer Estado), si bien este último
grupo comprendía teóricamente a todos los demás
súbditos.
30
Imponer una moneda fija, por ejemplo, cuando el marco de plata francés
había cambiado 39 veces de ley en los últimos siete años.
31
Por jacques, otro nombre del labriego.
32
Cf. Neveux 1973. Cale murió, desde luego, tras horrendas torturas.
33
Estas acciones no son tan infrecuentes en el bajo medievo. En su Historia
de Florencia cuenta Maquiavelo, por ejemplo, que en uno de los disturbios
tras trocear los cuerpos de dos ciudadanos con espadas desgarraron
los trozos con las manos e incluso con los dientes (II, 8, 20). La truculencia
piadosa aparece de modo aún más asiduo, y ante el
temor de que pudiesen desaparecer las santas reliquias, los monjes de
Fossanova -donde había muerto Tomás de Aquino en 1274-
confitaron el cadáver del maestro, decapitándolo para
cocerlo y prepararlo mejor [
] Antes de enterrar el cadáver
de Santa Isabel de Turingia un tropel de devotos cortaba o arrancaba
no sólo trozos de los paños con que estaba envuelto su
rostro, sino también los pelos y las uñas, e incluso trozos
de las orejas y los pezones de los senos. Con ocasión de una
fiesta solemne, Carlos IV de Francia distribuye costillas de su antepasado
san Luis entre Pierre DAilly y sus primos Berry y Borgoña,
y da una pierna a los prelados para que se la repartan, como en efecto
hacen después de la comida. Cf. Huizinga 1962, p. 237.
34
Froissart 1960, p. 152-153.
35
Asesinatos y otras atrocidades se cometían a diario y quedaban
impunes, bajo la protección de una parte u otra de la nobleza.
Para detener esta insolencia los líderes del pueblo [
]
aprovecharon el gran influjo adquirido por las Compañías
de las Artes, y crearon en 1280 el gobierno de la Signoria
(Maquiavelo 1525, II, 3, 1).
36
En la práctica, estas luchas se libran en torno al número
de signori correspondientes a cada grupo. Tras la derrota definitiva
de los nobles -que ensayan unirse al populacho para conservar el poder,
pero son demolidos en 1250- la Signoria se distribuye en 2 para la clase
superior, 3 para la media y 3 para la baja, nombrándose también
un Gonfaloniere o abanderado de Justicia, que habría de
ser un plebeyo con 1.000 hombres armados a su disposición,
divididos en 20 compañías de 50 (Maquiavelo ibíd,
II, 3, 2). Pronto pasa a tener 4.000, que en muchas ocasiones seguirán
siendo insuficientes para evitar disturbios.
37
Cada uno de estos estamentos trabajaba con ardor en elaborar reglamentos
conducentes a mantener el mercado insuficientemente abastecido, y con
tal de lograrlo no hallaban inconveniente en que los demás estamentos
hiciesen lo mismo (Smith 1982, p. 121).
38
Maquiavelo ibíd., III, 4, 6. Añade luego que en
coraje, prudencia y generosidad sobrepasó a cualquier otro ciudadano
de su tiempo [
] Estas cualidades subyugaron a los plebeyos y abrieron
los ojos de los patricios a la magnitud del desvarío de aquellos
que tras vencer al orgullo de la nobleza acatan la regla nauseabunda
de la escoria (III, 4, 10).
39
Smith 1982, p. 122.
40
Uso el texto online, que corresponde a las páginas 200-205 en
la edición de Oman 1906.
41
Media hectárea aproximadamente.
42
Chronicle, p. 201-202.
43
Ibíd, p. 203.
44
Cuando Adán araba y Eva tejía, / ¿dónde
estaba el señor?.
45
Troeltsch 1992, vol. I, p.359.
46
El detalle de las Conclusiones merece recuerdo: 1) a los reyes corresponde
nombrar prelados (en virtud de ius episcopale); 2) el voto de
celibato desemboca en lujuria anti natura y no debe imponerse;
3) la transubstanciación es un falso milagro, llamado a promover
la idolatría; 4) las oraciones acompañadas por vino, pan,
agua, cera, incienso, altares de piedra, muros de iglesia, casullas,
mitras y cruces son actos mágicos, y no deben permitirse; 5)
de nada sirve rezar por los muertos; 6) el rito de confesión
funda las indulgencias clericales y otros abusos en el perdón
del pecado; 7) los votos de castidad de las monjas conducen a infanticidios;
8) ni la confirmación ni la extremaunción son sacramentos;
9) no hay un carácter indelibilis en la condición
sacerdotal, pudiendo omitirse la ordenación; 10) la jerarquía
sobra en una Iglesia donde sólo Cristo reina; 11) la pena de
muerte y las guerras violan el Nuevo Testamento; l2) joyeros y armeros
son oficios asociales, que conducen a despilfarros. Cf. Cath.Encylc.,
voz lollard
47
Cf. Cath. Encycl., ibíd.
48
Zizca pidió al morir que su piel fuese usada para hacer tambores,
como modo de seguir unido a sus tropas. Antes había transformado
implementos agrícolas en precursores de los blindados, convirtiéndose
en el más grande ingeniero militar de la historia y uno de los
mayores tácticos. Ganó todas las batallas donde intervino
como general, y aunque la lucha le llevó a perder un ojo -y años
más tarde el otro- siguió guerreando victoriosamente siendo
ciego.
49
Müller en Troeltsch ibíd, p. 364.
50
Cf. Fetscher 1977, p. 35-36.
51
A cambio de no perder sus fieles el derecho a comulgar con pan y vino,
como el oficiante, una exigencia mínima entre las
argumentadas por Wyclif y Hus.
©
Antonio Escohotado
LOS ENEMIGOS DEL COMERCIO
http://www.escohotado.org
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