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“La cruzada contra las drogas acabará entre susurros” Es imposible resumir la vida y obra del filósofo Antonio Escohotado (Madrid, 1941) en
unas pocas líneas sin dejar fuera lo fundamental, pero intentemos un amago. Tras pasar
su infancia en Brasil, a finales de los sesenta se licencia en derecho y comienza a
trabajar en el Instituto de Crédito Oficial. Poco después lo deja todo para irse a vivir a
una casa payesa en Ibiza donde traduce a Newton y Hobbes, escribe un tratado de
metafísica, comienza a experimentar con las drogas e incluso intenta ingresar en el
Vietcong para combatir en plena selva a los marines. En los ochenta pasa un año en
prisión acusado de tráfico de drogas y ahí redacta la monumental obra "Historia general
de las drogas", que lo convierte en una autoridad mundial en el tema y un personaje
público siempre envuelto en la polémica, con numerosas apariciones televisivas. Igual que antes fue necesario separar a la Iglesia del Estado, ahora es necesario separar a la clase política de la economía. Esa es la asignatura pendiente de nuestro tiempo. Lo fundamental es reconocer que no vamos a encontrar soluciones definitivas, eso es lo que hay que decir a los chicos de Sol. Cuando alguien viene y nos ofrece una situación segura, hay que preguntarle inmediatamente ¿Qué me vas a ordenar a cambio de esta seguridad que me ofreces? Las drogas siempre te van a decir algo sobre tus abusos, tus puntos fuertes pero sobre todo sobre tus puntos débiles. La cruzada contra las brujas no se acabó con un decreto diciendo “nos hemos equivocado”, se acabó entre susurros. Y así es como se acabará la cruzada contra las drogas.
En tu libro “Los enemigos del comercio” trazas el recorrido histórico del comunismo, remontándose hasta hace 2.000 años, con aquellos que consideraban “la propiedad privada un robo y el comercio su instrumento”. ¿Te definirías como anarcocapitalista? No lo sé, todo el trabajo que hago últimamente es intentar evitar etiquetas. Rechazar
el autoritarismo es un invento feliz y atractivo, propio de personas que respetan a los demás y a la inteligencia. Pero el anarquista oficial nace con una pandilla de rusos muy
raros, autodescubiertos luego como nihilistas, que creen en la maravillosa regeneración
derivada de destruir todo. En el sentido de Nozik el anarcocapitalista es un liberal
doctrinario o poco liberal, que rechaza la intervención del Estado en materia económica. Capital es trabajo acumulado, propiedad, y desde finales del XVIII nuestras sociedades se movilizaron para conseguir que todos fuesen capitalistas en mayor o menor medida, pues el gran éxodo a centros urbanos aparejado a la industrialización empezó creando no-propietarios o proletarios. Hoy la mayoría tiene casa propia y abundantes bienes de consumo duradero, pues el capitalismo de Estado –donde todo pertenece finalmente al Emperador- se atomizó en forma de capitalismo privado. Parecía que la clase media debía proletarizarse, y fue el proletariado quien se convirtió en clase media. Pero la industrialización fue posible porque en vez de considerar el trabajo como maldición el cristiano reformado se sintió bendecido por la posibilidad de profesionalizarse, cosa equivalente a ser maestro en alguna actividad útil para el resto, que le permitiría ser independiente. Esa fue la gran aportación del alma puritana. En ese sentido suele relacionarse el auge del capitalismo con la ética protestante, como en la obra de Max Weber. En el tomo segundo de Los enemigos del comercio entro en un aspecto que Weber no estudió: la fundación del capitalismo específicamente norteamericano. Porque da la casualidad de que sus primeras empresas de tamaño medio y grande fueron obra de seis sectas comunistas. -cuatro alemanas y dos inglesas- apoyadas a su vez por la secta cuáquera. Tras salvajes persecuciones, la corona inglesa quiso desembarazarse del cuáquero William Penn y los suyos con la cesión de la actual Pennsylvania, pero en vez de apropiarse el territorio redactó para él lo que sería el germen de la Constitución y la independencia norteamericana. Los cuáqueros se hicieron con el control de Merchant Adventurers, la principal compañía dedicada a cruzar el Atlántico, y compadeciéndose de Iglesias perseguidas e independentistas como ellos las trasladaron a Estados Unidos. No eran comunistas en Europa, pero adoptaron la comunidad de bienes para salir adelante, y se hicieron infaliblemente prósperas. Todo esto es prácticamente desconocido en Europa, aunque interesante para comprobar que un comunismo voluntario e instrumental no solo es viable sino fuente de paz y respeto ajeno. El panteón fundacional del capitalismo norteamericano lo componen precisamente esas sectas: los shakers, los rappitas, los zoaritas, los amanitas... Sueles criticar duramente la revolución francesa y reivindicas la revolución norteamericana como la auténticamente liberal. La Revolución Francesa es una carnicería basada en querer convertir al país en Nueva Esparta, donde todas las libertades con minúscula son abolidas en nombre de una Libertad convertida en diosa de la gloria nacional. El disidente pasa a llamarse “liberticida”, y con el cuento de que ser libre se agota en ser patriota el Terror se convierte en atajo hacia la virtud pública. Basura autoritaria disfrazada de sublimidad romántica. La Revolución Americana se consuma sin otra sangre que la derramada en la guerra de independencia. Cuando vence, los muchos realistas que quedan son gentilmente invitados a respetar la nueva Constitución, a irse a Canadá o a volver a Inglaterra. En esa línea es curioso como Estados Unidos en su día compró Alaska en vez de
haberla invadido militarmente, que es lo que siempre se había estado haciendo. Pero por otro lado, también se asocia el capitalismo con el imperialismo. El imperialismo europeo decimonónico suele decirse que era consecuencia del desarrollo capitalista... El nexo capitalismo-imperialismo proviene de un economista notable como Hobson, ante el momento dramático que precede a la Primera Guerra Mundial, cuando Alemania intenta imitar a franceses e ingleses como potencia colonial. Lenin y Rosa Luxemburgo tratan entonces de barrer para casa, pero quien analiza imparcialmente la aportación de Hobson es Keynes, en su Teoría general, en el marco de la crisis latente de subconsumo que afecta al desarrollo capitalista. Ya lo había visto Sismondi un siglo antes, pero fue Hobson quien subrayó su componente de propensión excesiva al ahorro, rompiendo el dogma de que nunca se economiza bastante, donde por cierto encontramos otra vez a las sectas puritanas y su lema “trabaja y ahorra”. En definitiva, si no destinamos una parte creciente del ahorro al consumo la sociedad de la abundancia es inviable. Esto en la sociedad actual ocurre mucho más... Desde Silicon Valley en adelante la liquidez se ha multiplicado, y con la vieja excusa de evitar que ácaros y ratas se coman los almacenes de efectivo acabamos desembarcando en la ingeniería financiera. En “Caos y orden” dedico dos capítulos al tema y no me disgustan, porque el libro es del 99 pero contienen una descripción aproximada de lo que pasaría con Lehman Brothers y el maquillaje contable. Aparte de la estafa hipotecaria, se parte de “productos garantizados” en base a cálculos supuestamente infalibles, imaginando finalmente que una diversificación de carteras absolverá del riesgo. ¡Mentira! Lo que haces es aumentar la volatilidad de esos productos, porque beneficio y riesgo son gemelos. Pero date cuenta de que esto es inevitable. El ciclo económico oscila de una sobre a una infravaloración de activos. Según algunos (www.jotdown.es/2011/05/inside-job) esto habría sido consecuencia de la desregulación bancaria, de un exceso de liberalismo... Pero estas personas deberían estudiar el asunto para ver cómo lo regularían ellos. Igual
que hablan de neoliberalismo y no saben lo que dicen, porque no saben distinguirlo del
liberalismo, tampoco identifican los mecanismos de regulación a que aspiran. ¿Significa
esto que no pueden hacerse transacciones por internet, por ejemplo? La crisis parte de
estafadores, que deben ser procesados en cuanto tales, y de personas atraídas por ellos
a endeudarse por cantidades que no podían pagar. Ninguno de los dos es respetable. ¿Y aquellos que defienden por ejemplo la Tasa Tobin? Lo mejor en esos casos es leer al propio Tobin cuando los antiglobalización sacaron a colación su tasa y él repuso: “Entérense de lo que realmente dije”. Comprendo que es absurdo ponerse como ejemplo, pero a los cuarenta años me di cuenta de que era un analfabeto en matemáticas, y me castigué traduciendo el millar de páginas de los Principia newtonianos; a los cincuenta me ocurrió con la física de partículas, y traté de enmendarlo un poco estudiando básicamente a Prigogine y Mandelbrot; desde los sesenta estudio economía política, que es la disciplina compleja por excelencia. Aunque el mundo va mal en muchos sentidos, no puede ir mejor por lo que respecta a almacenar información. Si queremos mejorarlo ¡estudiemos! Ahora con internet parece que las posibilidades son enormes, pero parece difícil distinguir la información veraz entre tanto que se escribe... En Wikipedia puedes encontrar una información próxima a lo impecable si consultas sobre Carlyle o Epicuro, y bien sesgada si te venden derivados financieros, porque en un caso hay propaganda y en el otro no. Recordemos lo que decía Hölderlin: "Donde crece el peligro, crece lo que salva”. Cuando alguien viene y nos ofrece una situación segura, hay que preguntarle inmediatamente ¿Qué me vas a ordenar a cambio de la seguridad ofrecida? El comunismo tradicionalmente ha gozado de mucho prestigio intelectual y moral.¿Por qué? El profesor de psicología de Harvard, Dan Gilbert, dice que mucha gente no comprende realmente el funcionamiento del mercado. Según él, un error muy frecuente es considerar el precio de las cosas como una esencia invisible del objeto y no como una relación dependiente del contexto, de la oferta y la demanda. Es decir, muchos creen que una hamburguesa debería costar siempre y en todo lugar 3 euros y si te cobran más aunque estés en medio del desierto, es un robo. ¿Gilbert se llama?, qué gracia. La existencia de oferta y demanda es fruto de lo que en
derecho se denomina autonomía de la voluntad. Decir que el mercado debe superarse es
postular que nos manden qué producir y qué consumir. Mercado es el juego nacido del
deseo libre. Al personalizarlo hacemos lo mismo que Marx cuando habla de “Monsieur
le Capital”. Tanto denunciar los fetiches, y resulta que empieza haciéndolo con el
capital mismo, que no es sino trabajo acumulado. Por no hablar del disparate que es
intentar medir el valor como trabajo por unidad de tiempo. Picasso pinta una paloma
en tres segundos, y su garabato debe valer tanto como el tuyo o el mío. Pues no es así, lo sentimos mucho (ríe). Cuando no respetamos el deseo ajeno rezamos pidiendo Y esa oposición a la planificación, a un poder centralizado, frente a la existencia de múltiples agentes autoorganizándose, ¿Podría ser lo que inspira las protestas de Sol? Vendría bien que estas personas de Sol releyeran la dialéctica del amo y el siervo tal
y como la plantea Hegel en su “Fenomenología del espíritu”. Se darían cuenta de que
evolucionar es ir creando y superando contradicciones. Que un planificador central
dé paso a una autoorganización localizada es algo inevitable y además deseable. Respecto a la clase política, parece que critican su separación de la ciudadanía. La clase política es tan imprescindible como la empresarial o la funcionarial, y se trata solo de que a su control sobre la ciudadanía corresponda un control de la ciudadanía sobre su crecimiento en número y funciones. Tras emanciparnos de redentores tipo Hitler, Stalin y demás, se trata ahora de que esa clase política secularizada no asfixie al poder judicial, no corrompa al legislativo y no confunda al ejecutivo con un benévolo Gran Hermano, diciéndonos cómo deben ser los esposos, los padres o los hijos. Ayahuasca y otras drogas En tu libro “Sesenta semanas en el trópico” cuenta que en los años sesenta intentaste ingresar en el Vietcong para combatir en la selva vietnamita a los marines americanos. Era intolerable saber que estaban rociando con napalm a aquella pobre gente, y creo que
si volviese a producirse una situación así y fuese joven volvería a ofrecerme voluntario. En ese libro da la impresión de que acabaste realmente harto de los tailandeses
tras vivir entre ellos ese tiempo... En ese libro narra también un viaje a Brasil, organizado por una pequeña agencia de viajes española que puede contactarse por internet, que consiste en tomar ayahuasca en una cabaña en medio de la selva durante una semana. ¿Lo recomendaría a nuestros lectores? La ayahuasca es un fármaco del mayor interés y de uso incómodo, porque provoca diarrea y vómito si no estamos en ayunas, aunque al día siguiente el cuerpo se siente renovado. A partir de cierta dosis ofrece también un viaje parecido al de LSD, con todos los peligros aparejados para el sicótico, el neurótico o el trivial. Quien la use para aplacar el aburrimiento se encontrará con un genio como el de Aladino, que le aplastará como a una colilla porque le ha invocado frívolamente y merece castigo. En otro caso, tiene la ventaja de un viaje breve, que rara vez supera las dos horas cuando el de ácido puede durar 20, y casi igual de profundo, incluso más sentimental. Guiado por personas competentes, que excluyan al inapto y preparen al resto, es posible que una experiencia con ayahuasca aproveche a nueve de cada diez personas. El contacto con la naturaleza juega una parte importante del proceso, ¿no? Claro, en este caso estábamos metidos en un afluente del Amazonas, en el centro de una naturaleza tan vivaz que durante la noche resultaba estruendosa hasta el extremo de pedir tapones para los oídos a fin de dormir. Me resistí mucho a tomar el brebaje, porque vivía colmado de autoreproches y pensé que acabaría de rematarme, pero acabó viniéndome bien. No recomendaría tomar LSD más que en condiciones muy restringidas, aunque las incomodidades de la ayahuasca reducen los peligros derivados de la trivialidad. ¿Y en general con estas drogas existen peligros para la salud mental y acabar en un psiquiátrico? No he conocido a nadie que no estuviera loco ya antes. Disfruté mucho de tratar a Albert Hoffman, que me llamaba hijo espiritual y pasó muchos años tratando de confirmar la demenciación sin encontrar tampoco a nadie concreto. Lo mismo me comentó Ernst Jünger. Entre los tres hacemos una inducción incompleta, aunque relativamente válida. Sueles hablar de las drogas como una vía de conocimiento ¿Qué le han enseñado?, ¿Es algo que puede ser descrito con palabras? “Aprendiendo de las drogas” se titula uno de mis libros. Mondadori lo publicó en origen como “El libro de los venenos”, y no llegó a vender quinientos ejemplares. Años después Anagrama sugirió reeditarlo con otro título y vendimos unos cien mil. Creo que algo parecido debió pasar con su otro libro “Realidad y substancia”... (Ríe) Algunas personas pensaron quizá que versaba sobre drogas, pero es un tratado de metafísica tan insufrible como los Elementos de Euclides, porque los tratados no están para entretener. Además en la portada aparece una piedra oscura que parecía de hachís. ¡Qué va, es una roca de la luna! (Ríe). Debe ser uno de pocos tratados de metafísica que vendió en poco tiempo dos ediciones. La Fenomenología del espíritu, a mi juicio el libro más inteligente y profundo jamás escrito, no llegó a los 500 ejemplares durante el primer medio siglo, pero con esos bastó para poner en circulación el evolucionismo, y el marxismo… Pero nos habíamos quedado en qué es lo que puede aprenderse de las drogas. A priori sería abusivo perfilar qué tienen las drogas de enseñanza, salvo en cuanto respecta a la introspección. Siempre nos informarán sobre abusos, sobre tus puntos fuertes pero sobre todo sobre tus puntos débiles. Antes o después van a demostrarte quién eres, si tienes voluntad y amor propio o si te faltan esas cosas. En el mejor de los casos, te van a decir “mira chico, no te sigas mintiendo, no seas un pelele”. En el peor, harán que les atribuyamos nuestras miserias. ¿Y para las relaciones personales? A veces pueden ayudar, a veces estorbar. A priori es muy difícil decir nada. ¿Qué opinas la prohibición de fumar en lugares públicos con la que comenzó el año? Es un ensayo de Estado Clínico, que diría Thomas Szasz, una forma refinada de autoritarismo que si no frenamos seguirá emitiendo seudópodos aquí y allá. El maridaje de Estado y Medicina es tan peligroso como el que tenía con la Fe. Los partidarios de esa ley argumentan que no se trata de proteger a los fumadores de sí mismos, sino a los no-fumadores. Para violar el consentimiento el último hallazgo es inventar alguna víctima, cuando no acaba de funcionar la declaración de que es por nuestro propio bien. El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, se ha mostrado partidario de la legalización de las drogas. Por otra parte, en California recientemente ha habido un referendo sobre legalizar la marihuana, donde los resultados estuvieron bastante igualados. ¿Son hechos anecdóticos o hay un cambio de tendencia en el mundo? En el caso de California se perdió el referéndum, según dicen sus promotores, porque al ser un domingo la gente joven se quedó durmiendo en casa. Si fuese así, qué triste, porque es precisamente la gente joven la que hace de esto una seña de identidad. Al igual que la heroína simboliza el malestar, y la cocaína la prosperidad, el cáñamo se liga con ser progre... (ríe) He ahí una forma curiosa de proyectar valores sobre cosas. ¿Crees que esto cambiará en el futuro? La guerra contra las drogas terminó hace unos quince años. Eso se nota en la reducción substancial del presupuesto para las brigadas nacionales de estupefacientes y la propia ONU. Se ha impuesto de forma más o menos explícita la política de reducción de daños. Ni la cruzada contra las brujas ni las emprendidas contra el librepensamiento o la uniformidad sexual terminaron con un decreto diciendo “nos hemos equivocado”, terminaron entre susurros. Y así acabará la cruzada contra las drogas, entre susurros.
NOTA 1 - Entrevista solicitada por la revista digital Jot Down.
©
Antonio Escohotado
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