"El empresario trabaja más que todos los demás juntos"

Antonio Escohotado

Tardó unos minutos en abrir la puerta de su casa. Cuando salió nos recibió con una amplia sonrisa y se disculpó por la demora, pues estaba jugando la tercera partida de ajedrez con un cibernauta desconocido y no podía dejar que le ganase. Nos hizo pasar y nos sentamos en la sala a charlar, para romper el hielo.

Antonio Escohotado (1941, Madrid) estudió derecho en la España de Franco, pero su pasión había sido siempre la filosofía. Se graduó y trabajó en el Instituto de Crédito Oficial (ICO) y estaba bien acomodado pero un día decidió dejarlo todo e irse a Ibiza con esposa e hijos, porque –dice- "no tenía suficiente aventura". Eran los años setenta, el apogeo del movimiento hippie y vivió allí en una casa sin luz eléctrica ni agua, traduciendo libros (le debemos la traducción al castellano de Hobbes y de obras de Jefferson, además de la traducción del latín de los Principios de Newton) y escribiendo sobre metafísica , siguiendo su pasión original. También fundó la discoteca Amnesia y vivió lo que tenía que vivir en la isla hasta que, catorce años después de haber llegado, decidió volver a Madrid.

Por esos años escribió la "Historia General de las Drogas" (con más de mil quinientas páginas) el tratado más importante sobre la materia, que vendió lo suficiente para darle notoriedad pública y cierto desahogo.

Sin embargo, Escohotado dice que había sido siempre un comunista hasta que empezó a estudiar los orígenes del comunismo hace unos quince años. De esa investigación surgió su obra "Los Enemigos del Comercio" y a propósito de la reciente publicación del segundo tomo fue que surgió esta entrevista.

Esta historia del pensamiento económico va desde el mundo antiguo hasta Lenin, y el tercer tomo –aún por publicar- tratará el siglo XX hasta nuestros días. El objeto era "precisar tanto como fuese posible quiénes, y en qué contextos, han sostenido que la propiedad constituye un robo, y el comercio su instrumento" y, en gran medida, el autor ha cumplido esa meta.

La obra bien podría servir a los comunistas o gentes de la izquierda moderna para entender mejor el origen de sus ideas. En efecto, Escohotado constata que el comunismo nació entre los esenios, una secta judía que, antes del siglo II a.C., practicaba un riguroso ascetismo y consideraba que todo comercio constituía un robo. Más tarde Jesús expulsó a los comerciantes del templo y, mucho tiempo después, en el siglo XIX ciertos ateos profetizaron el fin de la sociedad comercial derivada del robo que constituye la explotación al trabajador.

Pero este estudio ofrece también una genealogía paralela del liberalismo que no tiene desperdicio para quien se considere liberal hoy en día. Escohotado estudia con el mismo destalle las ideas de ciertos sabios romanos hasta las más recientes obras de Montesquieu, Adam Smith o David Hume y concluye que el liberalismo ha sido el verdadero impulso revolucionario de la humanidad. El comunismo, por su parte, ha sido siempre un movimiento conservador, vinculado al deseo de seguridad que surge siempre ante cada avance de la libertad.

Todo esto ya lo había explicado Escohotado en el tomo primero. Sin embargo, el segundo tomo contiene algunas nuevas reflexiones, dice: "El hecho de que hubiera 5 años de diferencia entre el tomo I y el tomo II me permitió prácticamente sobre todos los asuntos, relativizarlos, verlos con distancia, matizarlos, y entonces el tomo II empieza con un drástico resumen, quizá la parte más densa del libro, pero quizá aquella de la que estoy más seguro, porque es un material "hipermasticado".

En primer lugar, -continúa- "se ha dicho muchas veces que es Jesús el origen del abolicionismo… mayor disparate no puedo imaginar". En efecto, el cristianismo constituyó un importante apoyo ideológico para las sociedades esclavistas. "El cristianismo, a través de San Pablo y todo su santoral, dice al esclavo 'llegarás antes al cielo siendo esclavo que siendo un rico' y, claro, esto era mano de dios para la salvajería romana. Entonces, aclarado esto y trasladado a toda la Edad Media el tomo II puede empezar desde firmes fundamentos."

Por otra parte, Escohotado reafirma una tesis que ya vienen defendiendo otros economistas y tiene que ver con el fenómeno de la revolución industrial. "Al ponerme a estudiarlo en profundidad –dice- me di cuenta que todo era mentira, o sea, se habla en términos no comparativos, en general. Entonces dicen 'oh, cuánto sufrieron los obreros de Manchester' y dices, 'pero bueno, y ¿antes de que se industrializara Manchester, cuál era el nivel medio de salarios? ¿cuál era la capacidad adquisitiva?'. Igual en el campo, es decir, ¿cuál era el tipo de explotación que predominaba en Inglaterra, por ejemplo, en 1750, y cuál es el predominante un siglo después?"

Escohotado concluye, con el optimismo que lo caracteriza, pero con mucha sinceridad, que "todas estas cuestiones arrojan una evidencia hasta ahora oculta que es la de que la humanidad, muchas veces sin saberlo ni quererlo, va progresando, por ahora… Cada vez nos acercamos más al peligro de vivir en una burbuja, es decir, que todo en realidad no es más que 'cuento chino', como dirían los antiguos, pero hemos progresado enormemente, sobre todo en este aspecto, el de la capacidad adquisitiva", y concluye que: "lo que ha sido el leit motif de la humanidad a lo largo de muchos siglos, que es la inanición, soportar inclemencias de todo tipo, o bien el calor excesivo o bien el frio excesivo, prácticamente se ha terminado."

Otro asunto olvidado por mucho tiempo en la historia del pensamiento económico y, en general, en la historia de la humanidad, es la figura del empresario. Escohotado le dedica una gran parte del segundo tomo a estudiar a esos personajes que, sin saberlo, y persiguiendo su propio interés, acabaron beneficiando a millones de seres humanos.

"Como no tienen raíces sociológicas precisas y como es un fenómeno tan decisivo -a efectos de que hay una humanidad antes y una humanidad después de ellos- lo más significativo es que, hasta el propio Schumpeter y Max Weber, la figura no existe. Tu te lees a Ricardo o a Marx y lo confunden con el rentista, con el banquero. Pero no es un banquero, no tiene nada que ver. Nadie considera que el empresario es el "supertrabajador", es decir, es el que trabaja mucho más que todos los demás juntos; y la palabra no existe prácticamente hasta bien entrado el siglo XX. Los empresarios están cambiando el mundo y el mundo no se da cuenta de que existen empresarios."

En otras palabras, afirma Escohotado, el empresario "es el elemento más importante del mundo a finales del XVIII y sin embargo es una figura invisible, cuando no tremendamente denigrada."

Pero, ¿qué tienen en común los empresarios? ¿qué los hace tan especiales?. Escohotado responde sin vacilar: "la capacidad de combinar la fabricación y la invención, la coordinación del elemento innovador con el elemento, digamos, de eficacia, de organización de bastas plantillas laborales y también manejo de gigantescos créditos. Porque claro, la expansión moderna del crédito viene de ellos. En Roma o en Grecia nadie podía imaginarse qué eran los costes de financiación que requería la transformación del mundo."

"Por ejemplo, la competencia entre General Electric y Westing House a finales del XIX, comienzos del XX, es apasionante, porque uno está queriendo la corriente continua, que es Edison -con General Eelectric-, y Westing House, con Tesla –el genio húngaro- está diciendo que es la alterna. Entonces aparece el hombre más rico de ese entonces, Morgan, J.P. Morgan y primero se alía con unos y luego con los otros, y claro, son unas inversiones descomunales."

Aquí Escohotado entra en un terreno difícil -en términos teóricos- y de repercusiones prácticas muy importantes. Fue Ludwig von Mises quien estudió de manera sistemática los efectos distorsionadores de la expansión del crédito (la "creación de dinero") sobre la estructura productiva. Según él, las crisis económicas tienen su origen ahí, en el hecho de que los bancos prestan un dinero que la gente no ha ahorrado. En otras palabras, prestan "papel", promesas que no podrán cumplir y acaban generando inflación, crisis monetarias y crisis financieras.

Escohotado, por su parte, considera que la expansión del crédito es un factor determinante para la invención, aunque no niega que puede ser una de las causas de las crisis económicas. "A mí me parece –dice- que si no hubiera este "mangoneo", este fraude a la hora de prestar lo no ahorrado, no habría televisores, ni internet, ni satélites artificiales…".

Le pregunto sobre la Escuela Austriaca de Economía. Desde que empecé a estudiarla había tenido la impresión de que sin "a priori" –leyes axiomáticas- la Escuela Austriaca prácticamente no puede exisitir. El elemento dogmático o doctrinario me parecía consustancial a ella.

Escohotado me detiene y afirma que eso "no es tan cierto, porque la forma de conseguir eso es expulsando de la comunidad austriaca a uno de los dos hombres más poderosos de la película que es Schumpeter. A Schumpeter, Huerta de Soto y Rothbard le detestan porque Schumpeter es flexible, aparte que es cien veces más culto. El problema de Rothbard, como el problema de Milton Friedman, es que son analfabetos. Realmente, tan analfabetos como Ricardo -David Ricardo digo, el economista- que se han leído uno o dos libros en su vida y, luego de estudiar mucha economía, se creen que van a alguna parte, y entonces cada vez que hay que lidiar con un matiz, con una interpretación de las cosas, pues resbalan calamitosamente"; y continúa, "a Schumpeter no le quieren porque es demasiado inteligente, demasiado multidisciplinar, demasiado capaz de ver que es posible que sí, y no, y también, al mismo tiempo. Y con eso no pueden. A cualquier tipo de postura así rígida, me da igual que sea marxista que neoliberal, pues le pasa eso".

Aprovecho que está haciendo críticas directas a ciertos economistas y le pregunto qué opinión le merece la obra de von Mises. Su respuesta me dejó perplejo: "von Mises es muy inferior. Muy inferior a Hayek y a Schumpeter. Von Mises es doctrinario. Escribe un "anti-Capital". Es una pesadez. O sea, el loco de Marx escribe el Capital, que es una sarta de disparates y de inconsecuencias y viene este otro y se lo toma muy en serio, Mises, y escribe un "anti-Capital". Y tu dices 'que no, que no puede ser así'. Leed un poco a Hegel, leed un poco a Aristóteles, hay que buscar ahí unas raíces ontológicas donde se da uno cuenta que la realidad no admite simplificaciones. Que la realidad es proceso y que, claro, como es proceso, entonces el a priori no existe. No hay más que a posteriori."

La siguiente frase es aun más contundente: "O sea, lo verdadero ¿qué es? –se pregunta-: el resultado. Todo apriorismo que se pueda alegar en este caso no es más que tendenciosidad."

No puedo terminar esta conversación sin pedirle su opinión sobre el patrón oro. Su respuesta fue sencilla y, como siempre, muy consciente sobre la complejidad del asunto: "A mí me parecería muy bien restablecer el patrón oro. Además, con bastante rigidez. La única cosa que hay que ver es cómo al establecerlo concretamente, considerar que no se aplaste súbitamente el 'cuento chino', que ha crecido al amparo de habernos separado de ese patrón. Es cuestión de restablecerlo pero de manera que se pueda restablecer duraderamente. Porque acuérdate que Inglaterra en tiempos de Churchill restableció el patrón oro y bueno, estaba empezando por otro lado la gran depresión, entonces fue desastroso, Inglaterra tuvo que dar marcha atrás. Esto se ha producido varias veces en la historia de distintos países. Yo creo que aquí influye mucho tener mano izquierda, tener un conocimiento profundo de las circunstancias y darse cuenta que, igual que el mundo no cambia de la mañana a la noche, pues tampoco es necesario aquí hacer cambios de la mañana a la noche."

Sin embargo, se me quedaba otra pregunta más en el tintero. ¿Qué es el derecho y cuál ha sido su papel en esta historia? Pero Escohotado no se apresura. Cavila largamente y, finalmente, responde:

"(…) Eso remite a la función del jurisconsulto romano, originariamente, si nos ponemos en términos muy concretos. Fueron unos 'señoritos' -por así decirlo en términos sociológicos-, gente que no necesitaba ganarse la vida, y que no eran ni jueces ni jurados, que simplemente estaban interesados, los que desarrollaron posiblemente el primer cuerpo sistemático de reflexión de derivación, lo que se podría llamar, desarrollo del esquema principio-consecuencia. Fueron ellos, Papiniano, Ulpiano, Paulo, Modestino…

Entonces te pones a leerlos y te das cuenta que allí hay una lógica muy parecida a la que puedes encontrar en los "analíticos" de Aristóteles o en los escritos de los estoicos, que también eran muy aficionados a la lógica. Y bueno, ¿qué es lo que realmente meditaban los jurisconsultos? Pues, una forma de introducir -sin violentar la cosa en la cosa en la cual se va a introducir- racionalidad en las costumbres, o sea el derecho sería (volviendo a la pregunta) la costumbre comprendida, la costumbre auto-entendida, y entonces, al convertirse en fenómeno reflejo –reflexión- y no en fenómeno inmediato –en mera impresión- pues el derecho piensa sobre aquello que ya ha hecho la iniciativa, que es una mezcla de libertad y necesidad a la vez.

El derecho es para todos los locos de esta película de la historia de la humanidad que detestan la libertad del prójimo, que son muchos, y que han ido creando distintas cosas, el Islam, el catolicismo, el comunismo. Pues para todos estos el derecho es odioso, el derecho es una esclavitud, el derecho, sobre todo los principios generales –lo que se puede llamar el espíritu del derecho, el derecho natural-, todo esto es odioso y hay que convertirlo en un mundo de reglamentos donde todos y cada uno de los actos tengan prescrito cómo deben hacerse y este margen de indeterminación, que es el espíritu del derecho en sí, para ellos, pues es el 'espíritu de la dominación' o 'el espíritu del lucro' que dirían los apóstoles o Mahoma."

 

NOTA

1 Entrevista realizada por Luis Carlos Sánchez y publicada el 10/10/2013
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